miércoles, enero 11, 2017

De waries, trekkies y comenzar el año con La Fuerza...

Una vez cada mucho y si la peli lo amerita, voy al cine.
Era la primer semana de año nuevo y Rogue One, el 3.5 de La Saga, que se estrenó para navidad, quizás no estaría por mucho tiempo más en las salas, así que me fui al cine, superando el temor que me infunde Disney, después de ver cómo destrozan historias, la dirección de Gareth Edwards después de lo de Godzilla y sin Jhon Williams en la música.
Salí por un momento de mi burbuja para decirle a la chica de la caja: 
- Rogue One, uno por favor.
Ella abre los ojos como platos y luego de parpadear, me dice:
- ¿Rogue One... dos, verdad?
Pienso que no me ha escuchado y repito con una sonrisa, viéndola a los ojos:
- Uno.
La chica vuelve a parpadear y mira sobre mi hombro, incrédula, luego de dudar un momento, me cobra y me entrega el boleto. Tardo un buen rato en entender porqué se comporta de manera tan rara, hasta que me cae el veinte, claro, la convención social establece que una chica no va al cine sola... bueno, intentaré recordarlo para la próxima.
Falta media hora para la peli, así que voy a buscar algo que pueda comer. Inútil pesquisa en el imperio de la comida chatarra, lo único tragable es un pan blanco y un café negro, como diría mi abuela: de entre lo malo, lo menos peor, aunque el café tiene las mismas propiedades que la cerveza y el agua: nunca se le dice que no.
Entonces, entro a la sala justo para los trailers... y pienso que los guionistas que trabajan con los personajes de Marvel deberían leer los comics antes de escribir los guiones, hay cosas que no pueden hacerse en nombre de la licencia poética.
Junto a mí se sienta un tipo más o menos de mi edad, que también ha venido solo, warie a todas luces, bien... nos vamos sintiendo acompañados, casi al terminar de los trailers llega otro tipo un poco mayor que nosotros, que se queda en el asiento a la salida del pasillo. Tres en línea.
En fin, que la peli comienza y para mi sorpresa, la historia es realmente un 3.5 de La Saga, bueno, más cerca de La Nueva Esperanza que de La Venganza de los Sith, Diego Luna está muy bien, los valores Jedi se mantienen y... un momento... yo conozco a este tipo... sin darme cuenta, lo digo en un susurro:
- Es el maestro Ip Man.
- Si - contesta el tipo junto a mí - el maestro Ip Man es Chirrut Imwe.
- Es lo más adecuado para el último guardián del último templo jedi en Jedha - susurró el tipo al lado del pasillo.
¿En serio? ¿Otros dos waries, que además conocían a Donnie Yen, alias el maestro Ip Man, alias Chirrut Imwe, alias uno de los mejores artistas marciales de Hong Kong? La sesión pintaba bien.
Y bueno, la peli tenía sus momentos tranquis, donde se podía llegar al debate del viaje espacial:
- Estas naves no podrían hacer eso si el doctor Cochrane no hubiera descubierto la velocidad warp, dice mi compañero de asiento.
- Pero el viaje en el hiperespacio tiene un principio diferente que la burbuja de salto warp - indica el tipo del pasillo y yo estoy de acuerdo con él - además creo que Ogeid Argenti descubrió el hipermotor antes que Cochrane descubriera el principio de curvatura...
- Bueno, pero en Trek Nation, Lucas admite que Rodenberry influenció su trabajo, así que algo de crédito debe tener la tecnología warp, digo yo para mediar.
- Pongámonos serios... dice el del pasillo, pero en ese momento la batalla se pone demasiado buena y ya no hay tiempo de hablar.
Y como sucede en los buenos toques de la hermandad negra, estos tres buenos desconocidos se lo pasaron re bien viendo la peli, de tal modo que cuando llegamos a la última escena y vimos de espaldas a la Princesa Leia, el tipo de la par y yo nos tomamos de la mano, anticipando el momento... no lo vi, por la oscuridad de la sala, pero puedo asegurar que también le tomó la mano al tipo del pasillo, era demasiada tensión para un solo ser humano, había que apoyarse en los demás... y, efectivamente, cuando el personaje giró era ella, la Princesa Leia en todo su esplendor como en los buenos tiempos, cuando Obi-Wan Kenobi era nuestra única esperanza.
- Es ella...
- Si...
Y los ojos se nos llenaron de lágrimas.
Los créditos llegaron justo a tiempo porque mi dead line de transporte urbano son las 8:00 p.m. en los dorados tiempos que habitamos. Puse la mano en el hombro de mi compañero de asiento, para despedirme:
- Que la Fuerza te acompañe - me dijo
- Que la Fuerza te acompañe, le dije yo
Nuestro colega del pasillo hizo el saludo vulcano y nos deseó larga vida y prosperidad.
Y los tres desconocidos salieron del cine, altamente satisfechos de su última aventura warsie y sabiendo que "la Fuerza está conmigo, yo soy uno con la Fuerza".

miércoles, noviembre 09, 2016

Segunda Llamada

El tiempo es un viaje circular, lo recordé cuando vi tus ojos y fue como si no hubieran pasado ocho meses.
No me gustan los aeropuertos, a veces son agobiantes, a veces tienes la impresión que algo se pierde irremediablemente en ellos, pero ayer me gustó esperar en la puerta de salida, una persona anónima entre un mar de gente anónima que espera, para saltar de alegría cuando vi la sonrisa que empacaste en tu maleta. Son mágicas las maletas, sellados contenedores de sueños que se abren con la algarabía de la sorpresa, en esto, son iguales a los sombreros de mago.
El caso es que te abracé  para que tu pecho detuviera la carrera loca de mi corazón. Ese abrazo fue tal y como lo había dibujado detrás de mis párpados: infinito y perfecto, como deben ser las cosas que se anhelan.
La piel tiene memoria, lo recordé al encontrarme con tus manos, sabias como el tiempo, pero eso no voy a contarlo ahora, porque hay cosas que no cuento, para que queden guardadas en la tierra profunda del secreto y germinen solo cuando la luna las toque con su luz azul.

En la mínima soledad de la madrugada, me escabullo a ver cómo el sol va tiñendo de luz las montañas que nos rodean, a nosotros, pequeñas cosas hechas de melancolías y esperanza. Cuando el día llegue pleno a dibujar lo real de las formas, nos juntaremos con otros soñadores a planear cómo quebrar el cotidiano a punta de risas, desde donde quiera que nos toque colocar el escenario.

jueves, noviembre 03, 2016

R

Ya  fueron los nueve días. Los sapos con capuchas de fraile caminaron en larga fila llevando velas para acompañarlo a usted  al final del largo pasillo donde Carlos V lo esperaba, para que le cuente historias  de brujos oscuros y blancos asesinos.
Yo pensé que esta tristeza pegajosa que me tapaba los poros cada vez que me sentaba a escribir de usted, haciendo  que el agua se me saliera por los párpados, se había desprendido como costra de culebra que parece ser pero solo es recuerdo; pero hoy que me siento a escribirle unas letras para desearle buen viaje, me empapé de nuevo, cada vez menos tormenta y más llovizna, qué cosa más jodida es consolarse con el pañuelo del tiempo y poder  escribir.
No me gusta ver los barcos que zarpan  llevándose dentro las posibilidades, no me gusta ir a despedir las promesas a los aeropuertos, lo he intentado y no me gusta estar en cuartos anegados de tristeza, diciendo adiós de a poco, por eso le escribo ahora que usted ya ha regresado al mar.
Me alegra que haya podido librarse de la tierra, de su peso oscuro y sin memoria y que haya podido regresar a su amado mar de tormentas que lanzan príncipes desconocidos a costas salvajes, para que se transformen en leyenda; a las claras profundidades del mar a ver cómo se construyen las paredes de ese castillo fantástico, solo para que caigan tiempo después, quien quita me lo encuentro un día de estos apurando a los piratas para escapar de adormilados cocodrilos.
El agua tiene eso, lava todas las injurias y todas las tristezas, por eso no me pesa que estas palabras vayan  empapadas, así le llegan más limpias a dónde esté tomándose los roncitos (acompañado de un vaso de agua por supuesto), viendo que atardece y recordando lo que se amó.
Gracias por las anécdotas  en la luna y por preguntarme si conocía a Cortázar, a Girondo y a Rolando Costa. Gracias por los besos  como excusa para escandalizar, por los personajes y las palabras que  me regaló para el escenario. Gracias por leer y sugerir sin lastimar, gracias por lo publicado. Gracias por la última aventura con penaltis de morro y viaje al inframundo de donde se regresa por pura picardía y necedad.

Yo a usted lo voy a extrañar. Bastante. Pero me alegra que al fin haya logrado su deseo de dejar la melancolía y con maleta, sombrero de copa y paso sin apuro, haya regresado al mar.

lunes, julio 11, 2016

Sobre abusos y teatro

El corre corre habitual parece ceder un poco y vamos solventando deudas de tiempo conmigo misma y con las cosas que suceden allá afuera, en eso que dicen, es el mundo real.
Hace dos semanas, el 28 de junio, La Prensa Gráfica publicó un reportaje: Los abusos que esconde el escenario, donde varias actrices contaban, por primera vez en un medio de comunicación,  historias de abuso psicológico, emocional y sexual. Al margen de la idea central de esto, me desviaré un poco para decir que es una de las poquísimas veces que veo tanto espacio dedicado al teatro en un medio de comunicación, el resto del tiempo la producción teatral independiente es invisible en los medios, he ahí el desvío, regreso.
Lo primero fue asombro, si, la mayoría hemos escuchado charlas de pasillo donde dicen que dicen que este o este director, "se pasan" con las actrices y actores jóvenes de sus clases o montajes, pero habían allí historias que al menos yo no conocía y entonces, lo segundo que pasó fue ira: resultaba indignante que mujeres que realizan una labor teatral constante hayan tenido que pasar por esto y seguir en el medio y tener que toparse una vez si y otra también con sus agresores... Y luego, lo tercero,  el silencio del medio teatral, tan presto a emitir su opinión ante otras noticias y acontecimientos facebukeros, ese silencio mezcla de estupor, miedo y vergüenza, el mismo que guardan muchas familias salvadoreñas cuando sus hijos e hijas les cuentan que han sido abusados o violados por un pariente cercano.
Como era de esperarse, el artículo ha desatado diversas opiniones y el testimonio de una de las entrevistadas, publicado en su cuenta de facebook, Historias de un domingo. Junto con esto, la renuncia de uno de los señalados por abuso sexual en el reportaje, a través de la cuenta de twitter de la diputada Lorena Peña, quien es además Secretaria de Cultura del FMLN... hasta allí han llegado las cosas. Tampoco voy a detenerme en esto, porque no me interesa establecer un debate hincha-político sobre el tema.
Lo que si me interesó y me dio vuelta en la cabeza durante estos días son las relaciones que establecemos en nuestro teatro, reflejo de las relaciones establecidas en nuestra sociedad, que han permitido y siguen permitiendo los abusos sexuales y forzando el silencio de las víctimas.
Se necesita ser mujer  en este país, para comprender qué tan interiorizada puede estar la inseguridad sobre el tener potestad absoluta de nuestro cuerpo, nuestro tiempo, nuestro espacio, nuestra voluntad y nuestros deseos. En general, la mujer siempre es para alguien más en primer término y luego, tal vez, para sí misma.
¿Se le hacen familiares estas frases?: "el hombre llega hasta donde la mujer permite", "el matrimonio dura lo que la mujer aguanta", de manera sutil es el mismo razonamiento que hace que le pregunten a una víctima de violación cómo iba vestida o qué hacía en ese lugar a esa hora. Es decir, teóricamente se delega en la mujer toda la responsabilidad por la conducta del hombre, como si este no tuviera el menor dominio de sí. Sin embargo, en general, el No de la mujer no es efectivo en la práctica porque "las mujeres cuando dicen que no es para hacerse rogar", es decir, las mujeres siempre quieren decir que si. En todo esto se olvida que el abuso y la violación no se trata de amor o sexo, sino de poder.
Y aquí entramos en otro de los grandes temas de la cultura de violencia que es parte de nuestra construcción social. El ejercicio del poder en El Salvador, desde nuestra fundación, nos divide en víctimas y victimarios y ante esa realidad, todo mundo quiere apuntarse al segundo grupo sin duda, así que en cuanto se accede a una cuota de poder, por pequeña que sea, es aprovechada para distinguirse de sus pares y ponerse a salvo. Esta dinámica atávica nos hace dirimir cualquier conflicto no por la palabra, que demuestra ser inútil, ni por las instituciones, que demuestran no ser confiables, sino por la violencia.
En este punto y en esta sociedad que re victimiza a las víctimas y deja impunes a los victimarios, atreverse a denunciar me parece un acto de profunda valentía por parte de las actrices que lo realizan, pero si esperamos cortar el ciclo, si esperamos cambiar los patrones culturales de violencia e impunidad, es preciso pasar del linchamiento social al uso de las vías legales e institucionales para obtener justicia. Justicia, no revancha, a pesar de la ira y el dolor acumulados en nuestro género por la violencia sufrida en nosotras y en nuestras ancestras, esto puede marcar un cambio. Si no se logra una sentencia condenatoria, se sienta un precedente en el medio teatral para la denuncia por la vía legal de este tipo de situaciones y se respeta la presunción de inocencia que asiste en un estado de derecho como el que queremos construir en nuestro país.
Y la otra cosa que me daba vueltas en la cabeza: esa dizque "zona gris" donde no se sabe si lo vivido es parte de un proceso de enseñanza o producción artística, o un abuso. A diferencia de otros trabajos, los artistas escénicos usamos nuestro cuerpo, nuestra voz, nuestras emociones, como instrumento de trabajo, es decir, somos sujetos y objetos en escena y por más de un siglo el director ha sido en la tierra del teatro, su pequeño dios. Un sabio de nuestro tiempo dijo que con un gran poder, viene también una gran responsabilidad, la responsabilidad no es solo estética sino ética y esto no es moralismo subjetivo o aspaviento mojigato, si no nuestra capacidad de discernimiento respecto al bien y al mal en nuestra conducta, aunque parezca anacrónico en nuestro tiempo.
Creo que el teatro no es solo lo que hacemos en escena para expresarnos, para exorcizar nuestros demonios de forma socialmente aceptable, o para buscar la belleza, es también las relaciones que construimos dentro del grupo y con el espectador. El teatro, ese oficio que nos esforzamos en volver academia para que vean que es "serio", para hacerlo merecer, es como todo oficio, algo que pasa de maestro a aprendiz  y es responsabilidad del maestro que el oficio pase de forma responsable y ética, el teatro  es la zona de resistencia de nuestra humanidad ante esta realidad que nos pone de cabeza. En este sentido no hay "zona gris" entre usar hábilmente las herramientas de nuestro oficio para hacer y compartir nuestro arte, y usar nuestro conocimiento para abusar de quienes confían en nuestra habilidad como maestros del oficio.
Los tiempos cambian, los usos sociales cambian, las relaciones cambian, si no, seguiríamos rompiendo reglas de madera en las manos de los alumnos porque "la letra con sangre entra". También en el teatro es tiempo de que las cosas cambien y que continuemos dignificando el oficio, pero no solamente en la escena, si no también en relaciones éticas y dignas con los que hacen posible este oficio.

lunes, junio 06, 2016

Lunes

Me gusta junio por gris, me gusta por lluvioso... como hoy, en que la luz de las 5.30 de la mañana apenas daba noticia de que había amanecido y estaba esta llovizna, de gotas pulverizadas por el martillo del viento, hasta volverlas casi rocío, esta llovizna finita, de la que te deja caminar un par de cuadras antes de darte cuenta que estás mojada. No como la lluvia violenta de finales de invierno, donde si te quedas parado un par de segundos, terminas hecho una sopa... esta lluvia hay que aprovecharla, así que me pongo la chumpa y me dejo la sombrilla en casa.
El Niche olfatea el aire mojado y fresco, todo está lavado y acuoso: el concreto de las aceras, la tierra, los portones chirriantes de pura humedad, las hojas del nance que gotean agua y fruta, las gentes que pasan de prisa y con la cabeza baja, esperando que el bus venga pronto, para salir de la lluvia y juntarse a los demás cuerpos enlatados.
Me gustan los lunes... es como si después del silencio de la tarde de domingo, la vida hubiera vuelto a comenzar. Cuando salgo a caminar los lunes no puedo evitar pensar qué nuevas cosas haremos, cómo saldrá todo lo que se ha planeado, qué lugares, qué gentes encontraremos... me gustan los lunes.
La llovizna nos ha puesto silenciosos al Niche y a mí, supongo que él piensa en sus cosas perrunas, mientras yo pienso en mis cosas de humano. En nuestro próximo estreno, por ejemplo. Finalmente creo que encontré la forma de convertir a Hunahpú e Ixbalanqué en el Sol y la Luna, aunque no estaré segura de eso hasta que lo vea montado... suspiro... siempre me pasa esto con los estrenos ¿Qué pasa si esta buena idea no es una buena idea? ¿Qué pasa si las buenas ideas se estancan? ¿Se entenderá la idea?... ¿Quién me mete a mí a hacer teatro?
Suspiro.
Veo el tronco a la orilla del camino, cubierto de hongos en repisa... automáticamente pienso: Coriolus... ¿versicolor? mmm... estoy un poco oxidada en esto. Disipo los nervios recitando los nombres de las plantas en el camino: Tectona grandis... ese es fácil... Sapindus saponaria... alguien lo podó y al pié del árbol, un montón de pacunes, brillantes de lluvia, me miran como cientos de ojillos negros... ojillos... negros... ¡Qué bien quedarían para los títeres! le digo al Niche, mientras me agacho a recoger un puñado de pacunes limpitos y negros.
El Niche me mira y piensa que tiene una humana muy dispersa. Por esta vez, comparto el pensamiento. El mueve la cola y yo sonrío... felicidad invernal de lunes.

lunes, mayo 09, 2016

Las mamás

Mañana, en El Salvador, es día de las madres.
En La Gaticueva regularmente hay un post por el día de las madres en estas fechas: las madres que trabajan en pésimas condiciones, la falta de protección en que viven las madres artistas, lo invisible del trabajo reproductivo llevado por las madres, la necesidad de la responsabilidad paterna, la publicidad que explota a las madres... en fin... valga el comercial, los pueden ver pululando por aquí.
Hoy, sin embargo, no se me antojó para nada quejarme sobre el día de las madres, que, valga la infidencia, es el cumpleaños de mi madre. Bajé las armas... quizás porque me acordé de una de esas ciber conversa-garabato con Francisco, hace un millón de años, donde me decía que él compartía la respuesta de las misses a las que les preguntaban que a qué personaje admiraban más y ellas contestaban: a mi mamá.
Yo también la comparto, esa y aquello de pedir la paz mundial, que es uno de mis tres deseos: una sala de teatro propia, un marido rico y con pisto y la paz mundial... utópica, naif y políticamente incorrecta que es una. Así que acordándome  de eso, decidí dedicarle este post a las mamás que admiro.
Por supuesto que a mi mamá y no solo por haber sido madre soltera de dos chicas que son como para quedarse calva jalándose los cabellos, sino por habernos dado espacio y medios para materializar sueños sin perecer en el intento, por vivir como ha elegido hacerlo en cada momento, por todos los chiquillos que pasaron por su aula de maestra y sicóloga y entre otras muchas cosas, por aquella frase inolvidable cuando le preguntamos qué quería hacer en su cumpleaños número sesenta: "Pero va a tener que ser otro día, porque en mi cumpleaños me voy a vagar y  a saber a qué horas regreso" y acto seguido, partió con rumbo desconocido en compañía de mi padrastro.
O a mi tía Menche, mamá soltera también y trabajadora incansable de su comunidad, donde no se precisa ni tener la dirección, usted pregunta por la niña Merceditas y cualquiera le dice dónde es, porque cualquiera ha ido allí por comida, medicina, catequesis, ayuda material o espiritual, nuégados de yuca o lo que se le ocurra... y no es que a ella le sobre, al contario, como no le alcanza su pensión, vende zapatos al crédito, y la gente no siempre es buena paga, pero eso no le ha impedido trabajar en la comunidad o estudiar teología en la Uca y tener una generosidad, energía y fuerza de super heroína.
Y claro, mi abuela, la Mamá Grande del clan, a la que le bastaba una sola mirada para poner orden y concierto, yo lo he intentado, pero no sé cómo ella lo hacía. Hay mucha cosas que podía hacer la abuela que yo no sé: darle de comer a diez personas con dos pesos, salir a vender miel, poner en juicio al abuelo, tíos, nietos y bisnietos, ordenar la dieta de las parturientas y los remedios de los recién nacidos, ayudarle al abuelo a curar los males de ojo y las molleras caídas, hacer los rezos y levantar las cruces por los muertos propios y extraños, saber los nombres, vida y obra de toda la familia y opinar certeramente sobre cualquier problema.
Pero quedría incompleta la lista sin las tías y tías abuelas mamás que pueblan las historias del clan. Y hay que incluir también a mis mamás del círculo de mujeres Nahuixochitl, donde me he pegado los rotos y remendado los descosidos, he aprendido a ser un poquitillo más sabia y menos miedosa. A mis hermanas de sangre y de vida, que son mamás de hijas e hijos propios y ajenos: la Cris Cris, Ana Li, Miriolt y la Rubi, qué sería la vida sin un cafecito y conversa de cuando en vez. Para las mamás de la Cofradía de las Oblatas del Divino Ósculo, con las que somos mamás de versos e inventos. O a las mamás de películas, obras, libros, clases... proyectos bellos que son inspiración cuando me desanimo: Amparo, Pame, Tere, la Mercy y la Pao, que con sus compañeras acaban de ser mamás de un genial proyecto sobre las mamás de las guindas de la guerra. 
Qué sería de la vida y los inventos, de los sueños y los proyectos sin las mamás que me han rodeado desde siempre para abrazarme, para regañarme, para sonsacarme, para limpiarme los raspones y los mocos, para reírse conmigo y regar la bilis cuando es mucha la cólera, para arroparme y para decirme que todo va a estar bien. Así que felices días y días, para todas ellas y las que se me hayan quedado en el tintero, que me han llenado de alegría mientras escribo.

lunes, mayo 02, 2016

Confesiones de esta máscara


"Las emociones, en efecto, no siguen un orden fijo.
Antes bien y al igual que las partículas del éter,
prefieren revolotear con libertad y flotar
eternamente trémulas y cambiantes"

Y. Mishima
Confesiones de una máscara




Salgo de la oficina con la misma prisa que de pequeña salía de la escuela, apurándome todo lo posible para llegar a ver Mazinger Z. Pero ahora no voy a ver tele. 
En el micro, milagrosamente encuentro un asiento e inmediatamente saco la novela policíaca que estoy leyendo, cortesía de uno de mis dealers literarios que sabe de mis debilidades más oscuras, como mi vicio por las novelas policíacas, por ejemplo. Tardo el doble leyendo en inglés que cuando leo en español, pero vale la pena cada página: una detective salvadoreña en Nashville, a cargo de un caso donde el principal sospechoso es un guatemalteco liado con el narcotráfico, según la policía de Atlanta.
En la radio milagrosamente no suena regetón, Carlos Vives canta "La tierra del olvido" y yo levanto la cara del libro para que una sonrisa me llene el rostro, mientras mi pensamiento se tele transporta a los 41°23'20” de latitud Norte  y 02°09'32” de longitud Este sin razón aparente, debe ser por esa frase que dice: "como me mueves el alma, como me quitas el sueño, como me robas la calma..."
¡Al fin en casa! Dejo las mil y un cosas que llevo encima, me cambio la camisa, tomo la laptop y salgo corriendo al taller, tendré un par de horas para trabajar sobre mi máscara.
Ayer por la tarde el taller estaba lleno de música, de bromas y gente yendo  y viniendo, pegando cosas, taladrando, pintando. Hoy el espacio vacío me espera, con la máscara seca en la mesa. Pongo la lista de música, desde Héroes del Silencio hasta M. Maisky, desde Soda Estereo hasta Pat Metheny... hundo los dedos en la masilla, es como el barro, un barro seco y blanco que extiendo con delicadeza sobre el papel, luego me mojo los dedos, solo un poco, lo suficiente para que deslicen con ternura, mientras acaricio la masilla para alisarla. 
Poco a poco la máscara va siendo un mundo blanco, es decir, silencioso. Las máscaras en blanco siempre me han parecido impregnadas  de silencio, dispuestas a escuchar lo que les digas luego, cuando tomes los pinceles y el color. Dejo la máscara quieta y silenciosa. Me lavo las manos mientras el cello de Maisky deja morir la suite no. 1 de Bach. Mientras me limpio los ojos, pienso que esa cosa siempre me hace llorar, algún día voy a tener que ponerla en escena con algo.
Tomo el agua y disuelvo el pegamento blanco, con las manos, la única forma de saber si está en su punto es hacerlo con las manos. Siento las viscosidad del pegamento aguado, navegando entre los dedos como un pez extraño. Está en su punto ahora. Pongo la última capa de papel en nuestro árbol mientras Bunbury canta "Con nombre de guerra". Las puntas de los dedos colocan el papel y luego las manos viajan sobre él alisándolo. 
Tacto y sonido. Milagrosamente la multitud de voces que  me habitan guardan silencio. No hay ruido en mi cabeza. Respiro. Toco. Escucho. todo es perfecto, en paz.