Hacía un año Alicia había tomado aquella píldora. Le pareció rara y tan amarga que pensó que era veneno, pero le dijeron que todo era por su bien y que iría a un país de maravillas, donde todo lo que le disgustaba desaparecería, así que aunque dudando la tomó, ahora creía que debió haberlo pensado mejor.
En cuanto la píldora llegó a su estómago cayó por un enorme túnel, le parecía que no iba a terminar de caer nunca, pero la verdad es que nada dura para siempre ni siquiera en los cuentos de hadas, así que al terminar de caer se dio cuenta que estaba frente a un castillo de naipes, en las puertas vio a una alta figura vociferante, al principio creyó que le daba a gritos la bienvenida, sin embargo al acercarse más, la escuchó claramente decir a voces:
- ¿Me amas? ¡Dí que me amas, qué soy lo más hermoso que has visto y que tengo la razón!
- Pe...pero... - balbuceó Alicia - es que... acabo de llegar y no la conozco...
- ¡Tonterías! Soy la mejor y más sabia reina de todo el reino, todos mis súbditos están locos por mí, nunca en toda la historia del reino habían tenido a alguien como yo.
Dijo, volviendo a ver al As de Corazones, que dio un respingo y alcanzó a decir:
- ¡Nunca... nunca hemos tenido a alguien como ella!
Y miró a todos los súbditos, que dieron un respingo y comenzaron a vitorearla.
Alicia observó al As de Corazones, que era el encargado del entretenimiento del Reino. En ese momento pensó que sería un cargo muy importante, pero ahora que lo pensaba en todo ese año no había hecho más que llevar mariachis a la fiesta de cumpleaños de un amigo de la Reina y repetir casi inmediatamente todo lo que ella decía, tal cual lo decía.
Claro, en ese momento, recién llegando, Alicia no podía ubicarse con nada de aquello y la Reina de Corazones gritaba nuevamente:
- ¡Di que soy la mejor del reino!... ¿Porqué te quedas callada?... ¡Que le corten la cabeza!
Inmediatamente cientos de cartas de la baraja salieron del castillo de naipes y corrieron tras Alicia con pequeñas pantallas que usaban como resorteras para lanzarle cuanto objeto contundente se pudiera imaginar. Alicia escapó por poco, mientras pensaba que aquel lugar al que había llegado era de locos y se desesperaba pensando cómo podría salir de allí.
Fue entonces cuando una sonrisa enorme apareció frente a ella y le dijo:
- Ahora no puedes salir... tal vez en dos años si entiendes cuál es el juego... tal vez dentro de cinco... o tal vez nunca...
Rió nuevamente y desapareció.
Luego de un año, Alicia seguía sin saber qué pensar del Gato de Cheshire, excepto que casi siempre se quedaba sin entender lo que decía.
Ahora esperaba que lo dicho por el Gato fuera cierto y ella pudiera encontrar una salida, sobre todo porque no sabía a quién podía preguntarle y había que tener cuidado con eso pues las cartas de la baraja tenía la muy mala costumbre de lapidarte si decías algo que pensaban podía disgustar a la Reina de Corazones y la vociferante monarca solo hablaba para regañar, para alabarse delante del espejo o para decir su frase favorita: ¡Que les corten la cabeza! a quien dijera algo que no le agradaba.
Detrás de la máscara protectora que se usaba en aquel país para resguardarse de la plaga de sonambulismo que azotaba esas tierras, Alicia escudriñó hacia todos lados antes de acercarse al castillo para buscar al Gato de Cheshire, justo cuando vio su sonrisa y avanzó de puntillas para no espantarlo, comenzó a llover el diluvio universal como sucedía cada dos o tres años en el invierno. Alicia escuchó a todas las cartas de la baraja gritando como locas: ¡Es el fin! ¡Habrase visto! ¡Jamás nos había sucedido!
Alarmada, Alicia se asomó sin importarle si se mojaba. Al fondo vio a la Reina de Corazones con un megáfono en una mano y una regadera en la otra, mientras regaba bajo la fuerte lluvia al As de Corazones junto a otros dos o tres ases de la baraja que habían sido trasplantados a sendas maceta y gritaba:
- ¡Corran por sus vidas!... ¡Salten por la borda!
Para luego canturrerarle a las plantas, quizás por aquello que dicen que crecen mejor de esa manera.
Alicia ya no entendía nada, mientras se quedaba parada bajo la lluvia, vio como el castillo de naipes comenzaba a derrumbarse, completamente empapado.
martes, junio 02, 2020
lunes, mayo 25, 2020
Cuentos del País de las Maravillas. III
Alicia entre abrió lentamente un ojo, no fuera a ser que
alguna carta de picas la viera y se le antojara encerrarla, desde que estaban a merced de las cartas de picas, uno debía andarse con cuidado. No escuchó nada,
así que decidió abrir despacito ambos ojos, cuando lo hizo vio a otros en la plaza que estaban haciendo
lo mismo, pero sin moverse porque nadie sabía si podían moverse o no, aunque ya
todos habían contado hasta cuarenta.
Desde que a la Reina de Corazones le había dado por jugar a
las escondidas, nadie sabía en el Reino que
habían de hacer o no. Alicia dio un respingo muerta del susto. Desde los
anuncios en la plaza la Reina de Corazones gritaba: “Al que no salte…. ¡que le
corten la cabeza!”.
Todos saltaban como locos y los que aún tenían los ojos
cerrados rodaban por el piso, pues es difícil mantener el equilibrio saltando
sin ver. En eso pasó El Sombrerero Loco con un enorme rótulo que decía “¡Alto!”
y todos pararon de golpe. Alicia sudaba y resoplaba cuando por los altavoces se
escuchó la voz chillona de la Reina de Corazones:
-
Ahora todos en un pie, menos los que su nombre
comience con C… Ahora, los conejos saltarán hacia atrás y quienes se llamen
Alicia se pararán de cabeza… ¡Todo el mundo caminando en círculos!
Alicia no sabía si debía caminar en círculos mientras se
paraba de cabeza y levantó la mano para preguntar, pero una de las cartas de
picas pensó que iba a protestar por el juego y le soltó un bastonazo en la
cabeza.
-
¡Ay! – dijo Alicia sobándose el chichón, pero lo
dijo tan fuerte que se escuchó en toda la plaza y entonces la Reina de Corazones perdió los estribos.
-
¿Quién se atreve a quejarse? ¡Que le corten la
cabeza!... – Las cartas de picas cayeron encima de Alicia mientras a la Reina
de Corazones casi le daba un soponcio al ver interrumpido su juego - ¡Ah, cuánta ingratitud! – dijo al borde de las
lágrimas, mientras el Sombrerero Loco la abanicaba con billetes de a cien y el
As de Corazones repetía constantemente en su pequeña pantalla, que la pobre
Reina de Corazones tenía razón en todo.
Alicia no entendía nada. Las cartas de picas la llevaban
entre empujones a una cajita de fósforos, donde había encerrado también a la
Liebre, al Conejo Blanco y a otros cincuenta súbditos por no aplaudir cuando era debido. En medio de
todo el alboroto, Alicia alcanzó a ver un pañuelo que se agitaba en el aire y
la sonrisa inconfundible del Gato de Cheshire, que ya antes le había advertido
sobre seguirle la corriente a la Reina
de Corazones.
martes, mayo 19, 2020
Crónicas del encierro. La salida
Noche. Mi cama. Estoy escuchando que hay una nueva pareja de geckos en mi ventana, luego que uno de los gatos vecinos asesinara a sangre fría a los huéspedes anteriores en una incursión gatuna a nuestro huerto. Estoy a punto de dormirme cuando recuerdo que mañana puedo salir... tampoco es que lo piense demasiado, así como están las cosas en una de esas se les ocurre que siempre no. Ojalá que no, porque después de un mes de encierro, agotamos nuestro efectivo y hay que ir al banco.
Mañana. La sala... logística para salir: ver si hay un banco del que necesito en las inmediaciones. Cuando vives en la orilla de Soya sale mejor ir al centro pero ahora no se puede, mi municipio es para mí territorio desconocido, no sé dónde está nada, el teléfono de casa no sirve desde más de un mes y teniendo en cuenta los días que corren y la plata que falta, no he podido comprar uno, así que intento con el chat, afortunadamente contestan y hay que ir a Plaza Mundo, cálculo rápido mientras busco mi dui: puedo caminar por donde es más corto pero más peligroso y andaré yo sola... mmm... no, prefiero caminar los 3 kilómetros de ida y los 3 de regreso por el boulevard, pero aunque caminemos por ahí, hay que llevar un pantalón y camisa que queden mal y no llamen nada la atención ni de militares, ni de mareros, ni de algún tipo.
Me río de mí misma: en estos momentos me ocupo más de las detenciones ilegales, la probabilidad de violencia mientras voy y vengo y que el dinero que tengo sea suficiente para comprar lo que necesito para el próximo mes, que cualquier otra cosa. Me siento de nuevo teniendo doce años en la guerra. Por una parte la inseguridad y la precariedad ya son territorios conocidos y no amedrentan, por otra parte es feo volver a sentirse así. Termino de recoger las cosas y repaso lo que necesito si me paran los militares: dui, nota hecha a mano porque no tengo impresora ni dónde imprimir, lista de cosas, teléfono cargado rogando a los dioses que no se descargue porque la batería no sirve desde hace rato y bueno... mismo cuento que el teléfono fijo.
Salgo. ¡La dicha mascarilla! Regreso. Salgo.
En la calle gente con sus uniformes de trabajo, caminando hacia el boulevard y de allí hacia donde tengan que caminar. Esto de estar respirando tu dióxido de carbono atrapado en la mascarilla, mientras estás agitado por la caminada, de ninguna manera puede ser sano para tu aparato respiratorio. Paso por el garage de las de las pupusas, que está cerrado desde hace dos meses: según el chambre local, llegaron a traer las cosas hace dos semanas porque la señora necesitaba vender la plancha, la refri y lo que pudiera de ahí, no va a volver a abrir.
Paso por los puestos de militares. Hay un refrán que dice que si nada debe, nada teme, pero parece que ese refrán no aplica si uno vive en Soya, por mi experiencia más bien depende del humor del que se haya levantado quien lleva el uniforme.
En Antekirta alcanzo a una anciana con un bordón, va despacio, muy, muy despacio, tres pasos atrás de ella va una chica que a pesar de los audífonos está al pendiente, así que me imagino que la acompaña, a distancia prudente claro, cosa que no te vayan a parar. La señora trastabillea y la chica y yo salimos a agarrarla cada una de un codo. Yo siempre de meque:
- ¿Y hasta dónde van?
- A la plaza, dice la señora agarrándose de la chica.
- Ay madre, la hubiera mandado solo a ella.
- Es que es menor de edad y a traer unos centavos voy, hay que llevar documento y es personal, a ella no se lo dan y somos solas, más por eso me la traigo.
- Ah... Tenga cuidado.
- Si, si por eso me la traigo también, que me venga a cuidar, aunque sea a mediodía vamos a llegar - se ríe con pocos dientes.
Me despido y apuro el paso, porque quien quiere estar de regreso en casa a mediodía soy yo.
Después de dos meses sin trabajar, la cuenta queda a cero y mis últimos sesenta dólares en mano, mientras calculo rápidamente que si y que no para nuestro hogar de tres humanos y dos mascotas. Salgo y veo al boulevard, ni señas de la señora. Recuerdo algo que leí sobre que el sector artístico ha sido el primero en entrar y será el último en salir de la cuarentena. Sigo haciendo cuentas.
Camino.
lunes, mayo 11, 2020
Crónicas del encierro. La Mañana
Hay una algarabía de pájaros y esa luz difusa de cuando va amaneciendo, que se percibe tras los párpados cerrados e indica que son algo así como las cinco de la mañana, así que desde ese estado de semi consciencia sonrío, agradezco y hago los estiramientos y respiraciones para volver al mundo de los vivos.
El Niche comienza con esos desesperantes gemiditos especialmente diseñados para que los escuche solo yo, la Gata Negra hace lo suyo subiéndose a la cama, poniendo una pata en mi cara y ronroneando en estéreo... suspiro y me levanto, hago el dinacharya y pongo la comida en el plato de la Gata Negra, que ya está sentada sobre la mesa de la cocina con su cara de "eres lenta humana, eres lenta". Al fin, cuando le abrocho la pechera y le pongo la cadena, el Niche deja su concierto lloroso en agudo mínimo y mueve la cola. Salimos al pasaje con sus portones cerrados y aprovecho para respirar profundo en el aire solitario de la mañana. Caminamos de un portón a otro del pasaje, subimos y bajamos las gradas hasta el portón cerrado del final y aprovechamos para buscar algún mango que haya sobrevivido incólume la caída desde su árbol.
Particularmente me encanta este momento donde puedo caminar entre los edificios apiñados uno al lado de otro, con sus apartamentos amontonados que no disimulan el hacinamiento cotidiano de Soya, caminar y respirar en silencio sin ver a ningún ser humano a la redonda, antes que todos despierten y hagan la competencia cotidiana de aparatos de sonido desde las predicaciones apocalípticas hasta el monótono regetón. En la era pre cuarentena lo hacía a las cuatro de la mañana, pero ahora puedo darme el lujo de despertar sin despertador y hacerlo a las cinco.
El Niche tolera mis divagaciones mañaneras, siempre y cuando lo primero que haga al entrar a la casa sea darle su desayuno. La Gata me ve llegar y exige se le abra el chorro de la pila para beber a gusto, ella que no entiende como el Niche puede conformarse con beber de su guacal donde el agua está quieta demasiado tiempo para su gusto.
Después de toda la aventura matutina logro poner el café y preparar la fruta, encender la compu y estudiar los calendarios, el astrológico occidental y el Chol Q'ij, que cada vez se enredan menos en mi cabeza... no sé que haría sin el primer café de la mañana. Escribo mi página de la mañana ¿He dicho que el café es aquí el punto medular?
Los animales aprovecharon mi distracción con el desayuno y se tomaron el cuarto, así que hay que desalojarlos y como siempre, harán como que no es con ellos, así que a veces el desalojo no funciona y me acompañan en el ritual diario de la meditación y el yoga. Para cuando he terminado de bañarme y cambiarme, escucho a la vecina de junto en franco revuelo de cacerolas y regañando a sus gatos, si todo va puntual, le seguirá el vecino de arriba vomitando la mega beba tóxica del día anterior y la vecina de enfrente dará rienda suelta al pastor que nos augura este día un castigo peor que el del día de ayer y así, rota la burbuja de silencio, se encenderán un apartamento tras otro y junto a los que no puedan trabajar ni tener ingresos, me embarcaré en la rutina diaria de ingenio de cómo conseguir lo necesario para sobrevivir al encierro.
miércoles, septiembre 18, 2019
Crónicas subterráqueas. I
Bitácora personal. Fecha estelar 303286. En esta planicie rodeada de paisaje alomado, seguramente el suelo debe ser de estrato volcánico, posiblemente la temperatura no baje nunca de los 24 oC, pero el recubrimiento de asfalto hace que la sensación térmica sea mayor. Este es uno de los soles más brillantes que he visto, aunque la estrella no es tan grande como en otros sistemas.
Civilización primitiva, fácilmente clasificable como wannabe en fase de caudillismo, altamente influenciable e impresionable según lo que he podido registrar, de modo que he sido muy cauteloso en mi investigación. Últimamente no he tenido mucho contacto con los nativos, aún no sé si será igual en otras zonas geográficas, pero al menos en el lugar donde aterricé hay un gran riesgo de lapidación si uno expresa opiniones contrarias a las aplaudidas por un sector de la población (Nota: aplaudir es un rasgo cultural característico, pero debe tenerse cuidado de aplaudir solo si los demás aplauden, sea que se conozca o no el motivo).
Hemos llegado en medio de una efervescencia social caracterizada por largas colas a las que las personas se agregan para ponerse del mal humor y descargarlo con personal del sexo femenino asignado para ello, este personal también transfiere su mal humor a las personas de la cola, me parece que es un ritual de intercambio de ira en donde al final se realiza también un intercambio de materiales simbólicos que deja satisfechas a ambas partes. Uno de estos materiales es una pasta insalubre de consistencia no agradable, que al enfriarse se vuelve totalmente asquerosa para mis papilas gustativas, sin embargo cuando este material se agota, el mal humor de los humanoides es evidente y el avance en la cola se para.
Según su nivel de evolución, esta sociedad es afecta a las colas, estacionarias o en movimiento, siguiendo sus instintos mamíferos se realizan varios rituales cuyo objetivo es evidenciar la capacidad de violencia física que puede ejercerse sobre quienes no aplaudan cuando deben o de quienes el régimen piense que constituyen un peligro social (Nota: existen pequeñas notas electrónicas donde se anuncia periódicamente a la población quiénes constituyen un peligro social, aunque en algunos casos puedo hacer una suposición lógica de las causas, en otras ocasiones las razones son totalmente incomprensibles, por lo que pienso que más bien es según se haya hecho enfadar o no a la autoridad mayor de esta zona geográfica, sin embargo debo seguir investigando).
La investigación de fuentes primarias ha sido difícil, ya que se percibe un temor extendido sobre el hecho de hacer enfadar a las figuras de autoridad, especialmente al jefe del área geográfica, ya que ello puede acarrear consecuencias muy desagradables para el infractor en cuestión, desde la lapidación virtual, que es otro de los rasgos culturales característicos, sobre todo si no se aplaude cuando se debe, desalojo del lugar donde se realizan los aportes sociales de cada individuo o traslado a un espacio de aislamiento y rehabilitación, que es uno de los sistemas más ineficientes que he visto en este cuadrante estelar. Como exo antropólogo me parece fascinante el sentido de culto reverencial hacia la figura de autoridad de esta zona geográfica, me recuerda una de mis primeras lecturas sobre este primitivo planeta, lo encontraba tan curioso que creo que fue una de las cosas que me decidió hacia mis estudios y carrera. Es un documento de uno de sus sabios, llamado G. Orwell, decía algo así como "Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros". A mi llegada me enteré que las ideas de Orwell están casi en el olvido, con lo que me sentí un poco decepcionado, sin embargo, esta zona ha resultado ser un interesante espacio de observación de especies primitivas.
Me parece que el exo biólogo ha regresado, su investigación no será nada fácil, las extendidas colonias de humanoides en la zona casi han acabado con otras poblaciones. Veré cómo le fue hoy. Fin de reporte.
miércoles, febrero 27, 2019
El último bus
Hago este ejercicio de la página de la mañana ¿sabes? Este dónde te sientas a escribir lo que se te pase por la cabeza. Escribo diarios desde los nueve años, así que tengo algo de práctica y esa página diaria le da coba a mi grafomanía, así que viene bien, pero hoy es miércoles y los miércoles solía escribir en la Gaticueva, hasta que me dejé atrapar por el corre corre cotidiano y ahora que la abro, me doy cuenta que han pasado algo así como un par de meses y cero escritura, justo es que volvamos a darle atención un día a la semana, sobre todo cuando en una semana pasan siempre cosas interesantes en este rincón macondiano del planeta.
Como ayer que terminamos nuestro ensayo de teatro y había un tráfico de espanto y marejadas de gente en las paradas de buses, uno siempre se pregunta de dónde sale tanta gente a las seis de la tarde, así que decidimos dejar pasar el tráfico en el chupadero cutre que descubrimos hace poco a un ladito de la tercera, claro, en el mero centro.
Personalmente tengo debilidad por los chupaderos cutres, no es un chupadero con pretensiones, no te andas tomando fotos p'al face porque has ido de safari al centro de San Salvador donde dicen que asustan, te tomas una chola y una boca decente por un par de dólares, la gente es tranquila, son empleados, obreros y vendedores de la zona y a nadie le da por tener mal trago o se expone a la furia de las encargadas. Nunca he visto una mujer a la que un salón lleno de hombres le guarde más temor reverencial que a la encargada de un chupadero, especialmente si es la Niña Isa, pero eso ya son ligas mayores. Lo único malo es que a veces se adueñan de la rockola los fanáticos del reguetón y entonces siento como si mi vecino estuviera en el piso de arriba de mi apartamento, un sábado cualquiera. Esta fue una de esas veces.
El chupadero en cuestión es un galerón amplio y bien ventilado, con alto techo de lámina, partido en dos alas, cada una de ellas con sus bancas y mesas de madera y su propia video rockola digital y colorica, adosada a la pared. Nos quedamos en el lado equivocado y creo que vimos todos los videos de reguetón que mi vecino pone los fines de semana. Tampoco es tan difícil, pone las mismas seis canciones una y otra vez, todas con el mismo ritmo, las mismas letras misóginas, las mismas chicas hipersexualizadas que te garantizan que si te conviertes en objeto disponible 7/24 tendrás una vida de lujo y los mismos chicos con fajos de billetes en las manos, diciéndote que si eres lo suficientemente malote, tú también podrás salir del gueto y ser parte de los opresores... si.. esa es la conversación mientras vemos la estética de los videos en el pantalla plana del chupadero.
Y de pronto se hacen las ocho y quince y hay que pagar e irse porque el bus te deja y llegar a pie hasta la casa no es recomendable por cuestiones de seguridad. El tráfico bajó, pero la cantidad de gente no, subirse al micro es físicamente imposible, no cabría ni un suspiro en esa coaster que lleva los bajos del equipo de audio retumbando con todo. Afortunadamente viene un bus y cabemos.
Casi todos los pasajeros a esa hora son chicos entre los dieciocho y los veinticinco. Estudian de siete a diez de la mañana o de cinco a ocho de la noche y en lo ancho del día trabajan en call centers, como repartidores, te atienden en el mostrador de comida rápida, en el supermercado o en el almacén. Están cansados pero conversan, se ríen mucho y tienen esa fe loable de que todo va a mejorar cuando terminen su carrera universitaria. Me gustan estos chicos, seguramente no son los jóvenes que salen en la tele o en los que la gente piensa cuando piensa en jóvenes de Soyapango, pero la mayoría son de estos, de estos que se rebuscan, aunque sean prácticamente invisibles y nuestra forma de vida actual se esfuerce al máximo por marginarlos.
Van a tener que creer en mis descripciones porque no tomé fotos ni las subí a las redes, eso solo se hace tranquilamente cuando andás en las plazas turísticas que cuida el CAM y es bonito también hacerlo cada cuando se puede, en el resto de calles de Sansíbar nada más acumulás la experiencia, pendiente de la hora por supuesto, para que no se te vaya a ir el último bus.
Como ayer que terminamos nuestro ensayo de teatro y había un tráfico de espanto y marejadas de gente en las paradas de buses, uno siempre se pregunta de dónde sale tanta gente a las seis de la tarde, así que decidimos dejar pasar el tráfico en el chupadero cutre que descubrimos hace poco a un ladito de la tercera, claro, en el mero centro.
Personalmente tengo debilidad por los chupaderos cutres, no es un chupadero con pretensiones, no te andas tomando fotos p'al face porque has ido de safari al centro de San Salvador donde dicen que asustan, te tomas una chola y una boca decente por un par de dólares, la gente es tranquila, son empleados, obreros y vendedores de la zona y a nadie le da por tener mal trago o se expone a la furia de las encargadas. Nunca he visto una mujer a la que un salón lleno de hombres le guarde más temor reverencial que a la encargada de un chupadero, especialmente si es la Niña Isa, pero eso ya son ligas mayores. Lo único malo es que a veces se adueñan de la rockola los fanáticos del reguetón y entonces siento como si mi vecino estuviera en el piso de arriba de mi apartamento, un sábado cualquiera. Esta fue una de esas veces.
El chupadero en cuestión es un galerón amplio y bien ventilado, con alto techo de lámina, partido en dos alas, cada una de ellas con sus bancas y mesas de madera y su propia video rockola digital y colorica, adosada a la pared. Nos quedamos en el lado equivocado y creo que vimos todos los videos de reguetón que mi vecino pone los fines de semana. Tampoco es tan difícil, pone las mismas seis canciones una y otra vez, todas con el mismo ritmo, las mismas letras misóginas, las mismas chicas hipersexualizadas que te garantizan que si te conviertes en objeto disponible 7/24 tendrás una vida de lujo y los mismos chicos con fajos de billetes en las manos, diciéndote que si eres lo suficientemente malote, tú también podrás salir del gueto y ser parte de los opresores... si.. esa es la conversación mientras vemos la estética de los videos en el pantalla plana del chupadero.
Y de pronto se hacen las ocho y quince y hay que pagar e irse porque el bus te deja y llegar a pie hasta la casa no es recomendable por cuestiones de seguridad. El tráfico bajó, pero la cantidad de gente no, subirse al micro es físicamente imposible, no cabría ni un suspiro en esa coaster que lleva los bajos del equipo de audio retumbando con todo. Afortunadamente viene un bus y cabemos.
Casi todos los pasajeros a esa hora son chicos entre los dieciocho y los veinticinco. Estudian de siete a diez de la mañana o de cinco a ocho de la noche y en lo ancho del día trabajan en call centers, como repartidores, te atienden en el mostrador de comida rápida, en el supermercado o en el almacén. Están cansados pero conversan, se ríen mucho y tienen esa fe loable de que todo va a mejorar cuando terminen su carrera universitaria. Me gustan estos chicos, seguramente no son los jóvenes que salen en la tele o en los que la gente piensa cuando piensa en jóvenes de Soyapango, pero la mayoría son de estos, de estos que se rebuscan, aunque sean prácticamente invisibles y nuestra forma de vida actual se esfuerce al máximo por marginarlos.
Van a tener que creer en mis descripciones porque no tomé fotos ni las subí a las redes, eso solo se hace tranquilamente cuando andás en las plazas turísticas que cuida el CAM y es bonito también hacerlo cada cuando se puede, en el resto de calles de Sansíbar nada más acumulás la experiencia, pendiente de la hora por supuesto, para que no se te vaya a ir el último bus.
miércoles, enero 02, 2019
Primero de enero
Una tiene días favoritos en el año, entre mis días favoritos en el año definitivamente está el primero de enero.
El ser humano tiene esta manía de contar todo lineal y finitamente, como imagina que es la vida, por eso cuenta horas y calendarios. Sin embargo, a veces es gentil ir con esa corriente. El primer día de cada año es una de esas ocasiones. Toda la gente se durmió tarde, o temprano, según se mire, y por tanto toda la gente se levanta a despecho del sol, así que tengo el chance ese día, más que otros, de levantarme antes que los de casa y sin embargo más tarde de lo que usualmente acostumbro y disfrutar de la soledad y el silencio que invaden la colonia.
Me gusta el silencio, alguna vez lo dijo uno de los personajes de uno de mis cuentos, un asesino que todavía no sabía que podía llegar a serlo: "...es como una casa grande y segura desde donde se puede ver pasar a la gente con tranquilidad". Así pues, el primer día del año disfruté de un par de horas extras de silencio y quietud, que si vivieran en esta colonia dormitorio a la salida de San Salvador, donde el único entretenimiento parece ser emborracharse y poner regetón y banda a todo volumen, con un equipo de sonido mal balanceado, sabrían porqué me resultan tan queridas.
Atiendo a los animales sigilosamente, me preparo la primer taza de café... oh si, en días como estos el desayuno puede durar un par de horas y contemplar dos o tres tazas de café, una maravilla. Enciendo el televisor y pongo una peli o serie de sci fi o de super héroes con cero volumen y los subtítulos y dejo la vida pasar sin que veinte diferentes ideas me invadan al mismo tiempo.
Y cuando al fin sales a la calle a visitar a la tía y a las primas, todo está tan solitario y vacío como podría estarlo en una de esas pelis donde el héroe se distrae cinco minutos y sucede el apocalipsis zombie o alguno de esos desastres en los que el planeta sucumbe por la mano del hombre y el tipo se pregunta a dónde diablos se fueron todos.
El tema es que en este día en particular todo parece ir más lento que de costumbre, tal y como debería ser más a menudo y tienes el chance de sentir verdaderamente la levedad, como uno de los personajes de Kundera, pero sin angustiarte. Para mí es como meterme en un arroyo suave y dejarme ir con la corriente, a la tarde ya me obsequiaré otra peli más sin ocuparme de más nada que del ocio.
No hago ninguna lista de propósitos de año nuevo, cuando pienso en propósitos de año nuevo, recuerdo a mi abuela diciendo aquello de que uno propone, Dios dispone, viene el diablo, mete la cola y todo lo descompone... además para mí el año nuevo comienza allá por el 21 de diciembre, así que digamos que cuando llegan estas fiestas, que suelo dedicar a Baco, ya lo tengo un tanto encaminado
Mi carpeta de proyectos para este año está completa, acabo de terminar de cuadrar las últimas fechas. Conociéndome, mañana comienzo a correr siete veinticuatro y no paro más que un par de veces al año, por eso resguardo tanto mis tiempos de vacación, aunque para algunos colegas resulto incomprensible por mi total negativa a tocar temas de trabajo, de cualquiera de mis trabajos, remunerados o no, en esos días, pero es que me gusta dilatar estos espacios de tiempo donde puedo olvidarme del tiempo.
Feliz 2019.
El ser humano tiene esta manía de contar todo lineal y finitamente, como imagina que es la vida, por eso cuenta horas y calendarios. Sin embargo, a veces es gentil ir con esa corriente. El primer día de cada año es una de esas ocasiones. Toda la gente se durmió tarde, o temprano, según se mire, y por tanto toda la gente se levanta a despecho del sol, así que tengo el chance ese día, más que otros, de levantarme antes que los de casa y sin embargo más tarde de lo que usualmente acostumbro y disfrutar de la soledad y el silencio que invaden la colonia.
Me gusta el silencio, alguna vez lo dijo uno de los personajes de uno de mis cuentos, un asesino que todavía no sabía que podía llegar a serlo: "...es como una casa grande y segura desde donde se puede ver pasar a la gente con tranquilidad". Así pues, el primer día del año disfruté de un par de horas extras de silencio y quietud, que si vivieran en esta colonia dormitorio a la salida de San Salvador, donde el único entretenimiento parece ser emborracharse y poner regetón y banda a todo volumen, con un equipo de sonido mal balanceado, sabrían porqué me resultan tan queridas.
Atiendo a los animales sigilosamente, me preparo la primer taza de café... oh si, en días como estos el desayuno puede durar un par de horas y contemplar dos o tres tazas de café, una maravilla. Enciendo el televisor y pongo una peli o serie de sci fi o de super héroes con cero volumen y los subtítulos y dejo la vida pasar sin que veinte diferentes ideas me invadan al mismo tiempo.
Y cuando al fin sales a la calle a visitar a la tía y a las primas, todo está tan solitario y vacío como podría estarlo en una de esas pelis donde el héroe se distrae cinco minutos y sucede el apocalipsis zombie o alguno de esos desastres en los que el planeta sucumbe por la mano del hombre y el tipo se pregunta a dónde diablos se fueron todos.
El tema es que en este día en particular todo parece ir más lento que de costumbre, tal y como debería ser más a menudo y tienes el chance de sentir verdaderamente la levedad, como uno de los personajes de Kundera, pero sin angustiarte. Para mí es como meterme en un arroyo suave y dejarme ir con la corriente, a la tarde ya me obsequiaré otra peli más sin ocuparme de más nada que del ocio.
No hago ninguna lista de propósitos de año nuevo, cuando pienso en propósitos de año nuevo, recuerdo a mi abuela diciendo aquello de que uno propone, Dios dispone, viene el diablo, mete la cola y todo lo descompone... además para mí el año nuevo comienza allá por el 21 de diciembre, así que digamos que cuando llegan estas fiestas, que suelo dedicar a Baco, ya lo tengo un tanto encaminado
Mi carpeta de proyectos para este año está completa, acabo de terminar de cuadrar las últimas fechas. Conociéndome, mañana comienzo a correr siete veinticuatro y no paro más que un par de veces al año, por eso resguardo tanto mis tiempos de vacación, aunque para algunos colegas resulto incomprensible por mi total negativa a tocar temas de trabajo, de cualquiera de mis trabajos, remunerados o no, en esos días, pero es que me gusta dilatar estos espacios de tiempo donde puedo olvidarme del tiempo.
Feliz 2019.
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