domingo, agosto 02, 2015

Reporte desde el paisito

Yo vivo en ese paisito que nos empeñamos en imaginar, aunque a veces estamos casi seguritos de que no existe.
Vivo en la otra mitad del paisito, que es más de la mitad, donde tenés que estar temprano en tu casa porque si no te come el lobo, donde somos cantidad por mil de embarazos adolescentes, número de camas que faltan en los hospitales del sistema nacional de salud, porcentaje de deserción de la escuela y cantidad de muertos semanales o mensuales, según quien haga el reporte, es decir, donde la mayor parte del tiempo somos números para gente que nunca conocerá donde y en qué condiciones se vive en esta mitad del paisito, que no es su mitad.
Hasta el momento sobrevivo a las veces en que me han puesto una cuchilla en las costillas o un arma de fuego enfrente; a veces he tenido que dar mis pertenencias, claro está, para poder irme; un par de veces la persona de la cuchilla se ha reído de mi celular o de mi monedero y me lo ha devuelto con sarcasmo, he visto muchos muertos y eso a veces ayuda cuando hay que hacer una descripción de cómo se esparce la sangre roja sobre lo negro del asfalto.
Eso tendría que hacerme resistente, por aquello que dicen las viejitas de que "lo que no mata, engorda". Pero aún con todo, el miedo llega y se esconde en tus bolsillos, es una maña que no se quita.
No se sabe a ciencia cierta quiénes decretaron el paro de transporte, porque en este paisito nunca se sabe a ciencia cierta nada, ni te dicen nada y si preguntas u opinas algo más de lo que las dos opciones disponibles dictan, te dicen que te calles, que eres pro esto o anti lo otro y que harías bien en desaparecer de la faz de la tierra, así que el genérico "las maras" sirvió para los medios. Estructuras criminales, haciendo pulsos con el gobierno.
Así que por cuatro días le hice güevo y caminé a mi trabajo. Afortunadamente había mucha más gente caminando y cuando no la había, miraba para atrás y para los lados, para ver que no viniera alguien a asaltarme y si venía, ver por dónde podía correr. Siempre me dicen que porqué voy de tenis al trabajo, pero es que salir corriendo en tacones  no es prudente. Mientras caminaba, sentía esa misma cosquilla en la panza que sentía en los ochentas, cuando estaba pequeña y no sabía si iba a haber tiroteo de un momento a otro y el miedo me enseñaba sus dientitos blancos desde mi bolsillo.
Durante esos cuatro días uno habría esperado que alguien dijera qué se iba a hacer al respecto, cómo iba a manejarse esa emergencia, pero este asunto parecía de "sálvese quien pueda", más todo el cruce de reproches y culpabilidades de un lado al otro, así que a desconectarse de los noticieros y a seguir caminando.
El tercer día de caminata, logré subirme a un microbus que milagrosamente tenía asientos libres. Uno de los pocos, a la par del motorista, donde me senté. Apenas había avanzado y me descubrí pensando que si alguien le disparaba al motorista por no andar haciendo caso del paro, como había pasado a diario esos días, podría darme a mí también, dada la proximidad de mi ubicación. Entonces decidí irme de pié en la parte de en medio del microbus. Tenía que llegar al trabajo, aunque el miedo volviera a enseñarme sus dientitos blancos desde mi bolsillo. Al menos cuando encañonaron al motorista, no estuve en primera fila.
El cuarto día caminé. Las teorías de conspiración seguían allí, los intercambios de culpabilidades seguían allí, los fanatismos ideológicos seguían allí. Lo que ni por asomo estuvo allí, durante estos cuatro días fue algo de asertividad en el gobierno, que sigue haciendo de víctima incomprendida, y en la oposición de derecha, que sigue con berrinche de chiquillo a quien no le dieron su golosina, para frenar y revertir efectivamente la inequidad, la exclusión, la educación deficiente, la nula formación ciudadana, la corrupción y el crimen organizado, que cotidianamente nos hacen vivir en el miedo.
Afortunadamente, al quinto día los mareros levantaron el paro y un par de días después iniciaban las fiestas patronales del paisito, con todas sus diversiones, así que ya ni quien se acuerde de todo el asunto.

sábado, julio 18, 2015

Tour

El centro de San Salvador: sus hermosos y descuidados edificios, desde lo gótico a lo art noveau, su fabuloso cementerio a la vuelta de la esquina, sus ventas de libros usados con tesoros a dos dólares,  sus calles atestadas de vendedores, su inmenso Mercado Central donde podés hallar lo inimaginable al más bajo precio, sus personajes entrañables, extravagantes, anodinos o ezquizoides.
Las prostitutas en las bancas de la Plaza Cívica, delante de las que se desgañita un pastor evangélico prometiendo premios y castigos... ¿y detrás de la puerta número tres, qué tenemos? ¿el infierno por los pecados?... ¡se lo ganó, se lo ganó, se lo ganó!... Para después cantar con voz casi afónica, una canción que promete consuelo para los que sufran mucho, con alegría y callados.
El centro de San Salvador, su café de los años cincuentas, con mesas de los años cincuentas y ventanal por donde no puede verse paisaje, porque ya no hay paisaje, únicamente el vendedor de cd's pirata que pone una nueva ronda de Van Damme combinado con Rambo en dupla de rudos, permanencia voluntaria de a dos por la cora. El centro de San Salvador y sus calles atestadas de vendedores. Me gustan los ventanales, te permiten ver a la gente sin acercarte.
Guardo mi viejo celular en un lugar donde no sea visible, para que no me vayan a dar un susto por gusto los mareros. Lo pienso un poco al salir del café, pienso si tomar un bus por las ocho cuadras que separan el café de los Hospitales, pero me gusta caminar, aún aquí, me gusta caminar. Camino.
No es solo un verso que puse en uno de mis poemas, en verdad la gente aglomerada me produce algo de asco, no me lo tomen a mal, tampoco me gusta que me toque gente desconocida, eso siempre me asusta y luego me quedo por horas con esa sensación de una mano extraña tomándome del brazo sin permiso, me froto con la otra manga, me lavo las manos, nada, la sensación de repugnancia tarda en irse. No me gusta que me toque gente desconocida.
Camino. Las dos primeras cuadras de la peatonal han ido bien, he caminado lo más lejos posible de los vendedores y esquivo a las personas que se acercan demasiado, un amigo me dijo una vez que era gracioso verme caminando por la calle, seguro que sí, como una especie de personajito de video juego esquivando cosas que le lanzan.
Falta una cuadra para salir de la peatonal. Esta cuadra es fea, no hay mucho espacio y los vendedores siempre te salen al paso. Camino lo más a la orilla que puedo, pero la chica insiste en tomarme del brazo.  Aparto el torso, me tuerzo, levanto el brazo, la esquivo, sus dedos me rozan, yo retiro el brazo muy rápido y ella, que tiene la intención de seguirme, se para en seco y me mira ofendida, como si fuera una obligación que yo permita que me tome del brazo y me jalonee para ver cosas que no quiero comprar.
Yo quisiera explicarle que no quiero que me toque, pero seguramente no me entendería, así que camino rápidamente y salgo de la cuadra. Me froto el brazo con la otra manga.
Camino y pienso que a la próxima tomaré el bus. De pronto la iglesia del Sagrado Corazón asoma y me quedo viendo un momento su fachada puntiaguda, pienso en pasar a ver los ventanales y la nave central, un momento, solo para olvidar el caos alrededor. Subo los escalones. Pienso que es una lástima que mi cámara este aún en reparación. Saco de la mochila mi libreta y mi lapicero negro. Escribo.

sábado, julio 11, 2015

Ninpha o la desidia del desencuentro

(Comentario sobre la obra de teatro de Jennifer Valiente)

Lya Ayala






Jennifer Valiente, dramaturga y actriz



Jennifer Valiente es para mí una mujer de múltiples facetas. Misteriosa y fascinante. Escribiré sobre ella en la introducción de este comentario, porque para ver a la Ninpha, tenemos que ver a la mujer que la creo.Inicia su trayecto por el teatro y para el teatro en la Universidad Nacional en 1998, pero es cuando funda en 2005 El Taller inestable de experimentación teatral Tiet, que Jennifer empieza darle cuerpo a su mundo: el teatro como actriz, dramaturga, directora. Ella es todo. Se desplaza, salta, recita, gesticula. Ella es incansable. Ha formado parte de proyectos teatrales en Payasos sin Fronteras, Teatro Libre, teatro Luis Poma, T-Atrio, El verbo en la ventana, entre muchos en los que ha sido invitada. Ha escrito guiones para radio.
Jennifer transita hacia un mundo complejo con su obra, su seudónimo Harry Castel nos habla de ello, escribe cuentos sin parar y los publica en el Suplemento Cultural 3000, cada sábado. Castel es una voz masculina en una voz fuerte femenina. Jennifer cuenta que esa voz la asume en la universidad cuando alguien le comentó que escribía “como hombre”. Y es que Jennifer Castel o Harry Valiente, puede entrar y salir sin problema del diálogo de teatro al diálogo del cuento. Ya les dije, ella es todo.
Jennifer también viaja, como si supiera que caminar por calles nuevas, mirar cielos nuevos le trae a su obra esa plasticidad que podemos ver. A Jennifer artista la podemos apreciar mejor cuando se le deja libre en las calles nuevas. Su diario de trabajo cuenta de las múltiples aventuras-trabajo, sueños-trabajo. Siempre avanzando, siempre haciendo desde escenografías, hasta muñecos en sus talleres.
Jennifer al abarcarlo todo, la biología, por ejemplo, también es madre, sus hijos la acompañan en su labor, también son artistas: músicos y actores.
¿Premios? Por supuesto, también, los tiene. Todos, les recuerdo que ella logra abarcarlo: entre algunos de ellos les mencionaré Juegos Florales de Chalatenango en 1996, con sus Diez cuentos de Adentro; Juegos Florales de San Salvador en 1996, con sus doce relatos, Del más Allá. Ganadora en la VII Bienal de Dramaturgia “La escritura de las diferencias” (Italia-Cuba, 2014). Primer lugar en narrativa. Certamen Francisco Gavidia, Universidad Francisco Gavidia. 1997. Primer lugar en poesía (compartido). Certamen Alfonso Hernández, ASTAC en 1997.
Junto a Ninpha está Santa María de la espera, otra de sus obras, donde la mujer es el centro. Acompáñenme a conocer a esta Ninpha, que como su autora lo abarca todo, lo inunda todo.

COMENTARIO EN TRES ACTOS

Los personajes nos hablan de sus dolores

Él y Ella son los personajes principales de la obra de teatro que Jennifer Valiente nos revela en esta nueva obra suya: Ninpha.
He querido iniciar este breve comentario, delineando a un Él y una Ella para que nos trasladen con sus personalidades neuróticas a un diálogo potente y clarificador.
Él y Ella se expresan sobre la guerra, sobre los recuerdos que ese drama colectivo fermenta en la vida de las personas. En Ninpha los personajes habitan el pasado, inevitablemente, la guerra los retrae al pasado, a lo que pudo ser; pero no fue. A las múltiples posibilidades de un futuro que los marca y los frustra.
Parecen hablar solos, los monólogos nos los describen; a él hondamente cansado y frustrado de la vida; ella, buscando las razones para sobrevivir a la desidia de él.
Los diálogos no permiten el respiro, son rápidos, llenos de expresiones cotidianas, reales. El ambiente de esas conversaciones entre ambos es triste, lóbrego. Además, los silencios, hay muchos, los personajes nos hablan con sus silencios.
Y es aquí donde Ninpha atrapa, en el círculo de la conversación desesperada de ambos personajes.Ante todo debo señalar que el ritmo de los diálogos es insinuante, es rápido, donde él y ella disponen sus frustraciones, sus sueños no realizados. La contraposición o la yuxtaposición de las dos voces convierten este precioso texto en un deleite para aquellos que gustamos de los diálogos ágiles, agrios, suspicaces.

La trama hacia el desencuentro

El punto central o hilo conductor de Ninpha son las cigarras, esos insectos que perseguirán al personaje femenino, durante todo el trayecto de la obra, para brindarle cierto hilo de esperanza que podemos ver a ratos, pero que inevitablemente se diluye.  Las cigarras en Él devienen en sangre fría, en desaliento, en desasosiego, en orgullo y cansancio de la vida.
Es la crisis de los cuarenta o la crisis de no saber asumirse como adulto, escuchamos decir a la voz en una voz secundaria, que escucharemos en el fondo de la trama.
¿Cómo se muestra la trama en Ninpha? Diálogos, sí. Cartas, también, donde la voz de Ella, pícara y misteriosa, le escribe  un amigo. Es decir, hay un flasback continuo, que nos refiere a través de las cartas a  otra trama que se teje dentro de la trama principal.
Ahí  Ella es el sueño, la melancolía, la esperanza y el amor; pero es, ante todo, la verdad. Ella se desnuda en la trama secundaria.

Escenario y luces

A nuestra dramaturga hacer bailar a sus personajes le es imprescindible, porque es en el movimiento del cuerpo donde se expresa aquello que no logra la palabra. En este sentido. Jennifer Valiente abarca todo aquello que el teatro es: diálogo, movimiento, gesto.
Y luces, en Ninpha el juego de las luces para ambientar los sentimientos, las sensaciones nos acompaña, el juego es completo. Nos envuelve desde todos los ángulos.

El desencuentro (epílogo)

El final de la obra es un diálogo completo sin estructura que separe escenas, el simbolismo se incrementa: papeles, calendarios, maletas. Jennifer no deja  nada al azar, conmueve con su tragedia y sus cigarras.

Los efectos finales de luz, voz en off, silencios, terminan de cerrar el círculo para los espectadores. Ninpha es la guerra y la posguerra salvadoreña vista por los ojos de una pareja. Es la esperanza y la desesperanza en pugna. Y al vernos, nos vamos a querer hundir en el sonido de las cigarras.


Lya Ayala. Escritora, periodista y editora salvadoreña. Ejerce la investigación y docencia en la Universidad José Simeón Cañas (UCA)

sábado, julio 04, 2015

Rejas

En este lugar seco y polvoso, el sol de las cuatro de la tarde muerde tanto como el sol de las dos de la tarde. Un par de árboles carcomidos y viejos, como la reja de la entrada, hacen lo posible por mostrar un verde deslucido, mientras dos gatos callejeros se cobijan la fatiga en la sombra del contenedor de basura, que puebla de moscas el parqueo donde espero, junto a la reja de entrada. Afuera hay un rótulo desteñido que pone: Centro de Rehabilitación de Mujeres, para el motorista del ruidoso bus en el que vine y para todos los demás es Cárcel de Mujeres.
Yo sigo esperando, como en los últimos quince minutos y como seguiré esperando por otros cuarenta y cinco minutos más, a que venga el funcionario que debe entregarme los cuentos y poemas que las internas enviarán al certamen literario que estamos organizando como parte de las actividades de mi trabajo.
Me gusta mi trabajo.
Mientras tanto, hay dos mujeres esposadas, sentadas en la pequeña grada de entrada, alcanzo a escuchar por los comentarios que acaban de llegar de su audiencia por tráfico de drogas, están rodeadas por cuatro policías, que para matar el tiempo conversan entre ellos, de pronto una de las mujeres le pregunta a uno de los policías cuánto gana al mes, el policía da una cantidad que no alcanzo a escuchar, la mujer da una carcajada y le dice:
- ¡No maje, eso lo hago yo en una semana!
El policía se revuelve incómodo un momento y luego le dice entre dientes:
- Pero a mí no me han dado doce años, maje. Y según vos, tu marido te va a estar esperando porque no lo quemaste. Ya ha de tener otra y vos aquí, por pasmada.
La mujer mira para otro lado. Todos callan.
Uno de los custodios llama por la reja de entrada y toma los papeles de la audiencia, las mujeres pasan a registro antes de ingresar. Los policías regresan a un transporte donde hay ocho más y parten.
Mientras sigo esperando, un amago de brisa mueve levemente las hojas del deslucido árbol de mango en el patio. Llegan otros cuatro policías. Una jovencita está esposada a una mujer de más o menos cuarenta y cinco. La mujer mira a todos lados, nada parece importarle mucho y de vez en cuando habla con la chica, que no deja de mirarse las muñecas: la que tiene esposada y la que no.
Una vendedora de café y pan dulce ha llegado a la reja. Los custodios y policías se turnan para comprar. Los policías que están cuidando a las mujeres se acercan de nuevo con sus vasos de café, el aroma golpea directamente la nariz. La mujer mayor mira sin querer el vaso de café y luego mira a cualquier otra parte, una sonrisa sarcástica tuerce su boca, no imagino de qué puede sonreír, pero como dicen las señoras: cada quien sabe lo suyo.
Al fin les reciben los papeles. Las mujeres vienen de que les dicten sentencia. Cuando han entrado al registro, la mujer policía le cuenta todo a uno de los custodios, mientras los demás escuchan.
- Diez años les han dado a cada una. La bicha diecinueve años tiene, imagínese, diecinueve y diez que va a pasar aquí, ya va a ser mujer cuando salga, aquí va a dejar de ser bicha...
Los policías que la acompañan asienten con la cabeza. Ella moja el pan en el café, mastica y habla.
- Y la mujer es la nana...
Uno de los custodios la mira sorprendido, me cuesta creer que un custodio pueda sorprenderse, pero imagino que siempre conservamos algo de fe en la humanidad. La mujer policía continúa, como tratando de convencerlo.
- Ella la metió al business... con cuatro entregas las agarraron, la bicha llevaba la mitad de las extorsiones... ¿bien jodido, veá?
El pan dulce se ha terminado. Los policías acaban el café de un trago y se suben al microbus donde vinieron. La reja principal se abre para verlos salir.
A mi me llaman ¡al fin! para darme el paquete de cuentos y poemas de las internas. Más tarde, en el bus de regreso a casa, no puedo sacarme de la cabeza la pregunta de la policía: ¿bien jodido, veá?. Pues si, se supone que los traes al mundo, los crías y los cuidas, tratas de que no se metan en problemas, pero no se supone  que los pongan presos por que te ayudaban a extorsionar... así que sí, bien jodido, en verdad.

sábado, mayo 16, 2015

Crónicas del Subsuelo

Sábado. Camino rápidamente para cruzar el centro comercial, detesto las aglomeraciones, la gente aglomerada me produce asco. Ayer fue día de pago para quienes cobran por quincena y hoy el centro comercial está realmente abarrotado. Mi estómago entona la canción del hambre, son casi las dos de la tarde y luego del ensayo debería ir a casa, pero aún tengo que recoger en el centro unas fotocopias que ya había encargado.
Subo al bus y tomo el tercer asiento, hay más gente subiendo. De pronto sube un tipo con pantalones tumbados y gorra, disimuladamente mira a los asientos, mi alerta interior se enciende; tras él suben dos chicas con aspecto similar, mi alerta interior emite un warning con luces rojas parpadeando como faro de ambulancia. Las dos mujeres muy bien arregladas del primer asiento se levantan nerviosas y queriendo ser discretas, buscan la salida. Yo pienso: "estos tipos vienen a poner" y por un momento pienso en bajarme, pero solo tengo veinte centavos y varias cosas que hacer antes de llegar a casa.
"Bueno - pienso -  no tengo un peso encima y mi celular es del siglo pasado, solo será el susto". Saco mi dui, me siento sobre él y veo por la ventana, pienso que deben asaltar luego de la curva saliendo de Metro, antes de llegar al M.Q., se bajarán allí y correrán a la Tutu o al callejón del hospital. Hemos pasado la curva, hay un movimiento de gente hacia la parte de adelante del bus, me asomo por el asiento para ver si tienen pistola o solo cuchillas, para seguir calculando opciones. Un hombre se resiste, dos más van en su ayuda, otros hombre mayor se levanta de la parte de en medio y va hacia atrás, pelean; el busero se resiste a parar, uno de los hombres que ha hecho resistencia va hacia él y lo obliga a parar en el M.Q., hay un par de policías, todos los llamamos a los gritos, las dos mujeres aprovechan la puerta delantera abierta y saltan sobre la máquina cobradora, alcanzo a agarrar a la última por el brazo pero me golpea el pecho, pierdo el equilibrio y caigo en el pasillo del bus, alguien me ayuda a levantarme, el otro tipo ha sido entregado a la policía y el bus vuelve a ponerse en marcha. Guardo mi dui de nuevo donde debe estar.
Las mujeres tranquilizan a sus chiquillos de ojos grandes y llorosos. Los hombres hablan airados. El bus avanza y llego a mi parada, camino a la salida de atrás. hay un charco de sangre y una gorra también salpicada de sangre ¿de quién será esa sangre? Tengo que pisarla para poder bajar. El  bus se aleja. Vuelvo la vista y veo hacia abajo; una, dos, tres pisadas rojas con la suela de mis zapatos, se desdibujan una tras otra hasta desaparecer. Miro al frente y me pongo alerta de nuevo, el día no ha terminado y aún tengo cosas qué hacer antes de llegar a casa.

domingo, mayo 10, 2015

Ay madre

En El Salvador, en el día de la madre, las calles y centros comerciales son zonas de guerra con cientos de personas peleando por parqueo, por un lugar en los abarrotados restaurantes o para llegar a la cabeza de las colas de caja para pagar los regalos con los que demostrarán el amor a mamá. Como con todas las fechas que se han comercializado hasta la coronilla, evito salir de casa a encontrarme con la neurosis de los celebrantes, sin embargo por donde ande me alcanzan  los comerciales del día de la madre que repiten imágenes y frases trilladas sobre las mamás, todos los boleros a la abnegada y sufrida madre a la cual el hijo vuelve luego de desengañarse de la pérfida mujer que ¡oh sorpresa! no es como su madre y puesto que las mamás vienen en todas las formas, tamaños y colores, que muchas veces no se ajustan a las imágenes de la tele, cansan estas cosas, así que para este día de la madre acá va mi lista de lugares comunes de poca madre sobre la madre:

No. 1: El clásico anuncio de "El regalo perfecto para mamá", acompañado de imágenes de mamás felices de recibir planchas, ollas y otros utensilios de limpieza y cocina... funcionará si eres una master chef deseosa del último super electrodoméstico de moda, pero yo preferiría las Obras Completas de Cortázar antes que cualquier plancha y si me regalas una sartén, esperaría que también me hagas el desayuno, sobre todo si es en fin de semana.

No. 2: "Una madre lo soporta todo por sus hijos"... este puede ser peligroso, en serio, nadie debería tener que soportar de todo, a menos que así lo elija teniendo en cuenta todas las opciones posibles y pudiendo acceder a ellas, sobre todo cuando "soportarlo todo" compromete su integridad y seguridad, hay un punto donde está bien decir: basta, no voy a soportar nada más de nadie más, desde lo mínimo a lo más complicado, sin que la mujer deba sentirse culpable por ello. En nuestro entorno abundan las historias de mujeres que aguantan todo por sus hijos, porque simplemente no tienen o no conocen opciones para evitar la violencia emocional, sicológica, física, económica y patrimonial que viven en sus hogares.

No. 3: "La Supermamá", a esta imagen la envidio: trabaja entre ocho y diez horas en cosas muy importantes, lleva y trae a los chicos, es super sociable, supervisa la casa, está siempre impecable, hace veinte mil cosas sin despeinarse  y siempre tiene colocada una sonrisa... yo, simplemente no puedo, hago veinte mil cosas por exceso de entusiasmo, pero me despeino y me pongo impresentable, si estoy con la cabeza en un nuevo proyecto mi cuarto es zona de desastre, hay libros en cada rincón de la casa, olvido cosas por recordar textos, si estoy cansada no hablo con nadie y no siempre sonrío.

No. 4: "El día para consentir y hacer feliz a mamá", acompañado de imágenes de celulares, automóviles y cosas que son la fuente de la felicidad, no me lo tomen a mal pero a mí me gusta que me consientan a diario, soy como un gato y no necesito que se designe un día para que me hagan feliz, tampoco necesito el último celular que te hace más atractiva o el automóvil que te hace mas inteligente y cuando uso zapatos de tacón es por puritita necesidad, porque al parecer si no vas de tacón "no vas formal". Si vas a contribuir con tu cachito de buena voluntad a la felicidad de tu mamá ayúdale con el trabajo de la casa, pregúntale de vez en cuando cómo se siente, en fin, sé amable y lo demás vendrá por añadidura.

No. 5. "Para Mamá, la reina del hogar", este lugar común si te pone los pelos de punta, cuando uno considera que durante el primer trimestre de 2015 en El Salvador se reportan 60 feminicidios, muchas de ellas madres y la mayoría asesinadas por esposos, compañeros de vida o pretendientes. Es difícil creer que eres la reina del hogar en un país donde el trabajo reproductivo es invisibilizado, las mujeres no pueden ejercer su derecho a la maternidad libre y responsable por falta de información, violencia y miedo a perder su trabajo entre otras cosas, la brecha entre los salarios masculinos y femeninos es de alrededor de 30% y hasta un 40% de los hogares salvadoreños están a cargo de mujeres, la mayoría de veces por irresponsabilidad del padre.

Para lograr que cada año el Día de la Madre sea una real celebración para las madres en nuestro país, sobre todo para aquellas que pertenecen a sectores vulnerables de la sociedad salvadoreña, es necesario reducir las condiciones de desprotección, violencia e inequidad que las madres viven cotidianamente, sin dejarnos arrastrar por las campañas comerciales de la temporada que convierten a la madre en una imagen más de nuestro inmenso mercado.

sábado, mayo 02, 2015

Trabajo invisible

Dados los recientes sucesos, bien podría escribir sobre el primero de mayo pero, lo confieso, no voy a marchas porque en las actuales circunstancias me parecen un gesto vacío, el primero de mayo me quedé arreglando la casa (dicen que el trabajo reproductivo también es trabajo, aunque parece que nadie se da por enterado) y claro, escribiendo como trabajadora del texto que soy, me pareció que eso era una forma más consecuente de honrar a los Mártires de Chicago (dicen que el trabajo intelectual es trabajo, aunque parece que nadie se da por enterado).
Es decir, para quien lo ve desde fuera, me quedé en casa haciendo nada... eso me pone a pensar en los trabajos invisibles que hacemos quienes nos dedicamos a cosas que usualmente no se ven como trabajo, como cuando alguna señora dice: - no, es que yo no trabajo, me quedo en la casa: pero anda tú a ver la jornada: limpieza, lavar, planchar, jardinería, recados, reparaciones, compras, administración, cocina, asesoría en tareas, sin contar si hay que hacer atención médica y veterinaria, además de consejería, en jornadas de 12 a 16 horas y sin horas extras.
O como cuando das una cotización por tus servicios artísticos y primero se te quedan viendo como si hablaras marciano, cuando el presupuesto de seguro es mucho menor de lo que van a gastar en regalitos o promocionales, para a continuación pedirte una rebaja de al menos la mitad del precio o el clásico: "no tenemos presupuesto, pero te podés presentar para darte a conocer" o "queremos que nos apoyés", cuando eso pasa, quisiera decirles que es muy ofensivo que te digan algo así, que jamás irías con un abogado y le dirías si te rebaja lo que cobra por sus servicios, que yo no puedo ir con el recibo de la luz a pedirle a la compañía eléctrica que me rebaje la mitad del pago y que seguramente no puedo pedirle al supermercado que me dé sus productos gratuitamente para darse a conocer, aunque si me gustaría que ellos (sobre todo cuando son instituciones de gobierno quienes te pide "apoyo") me apoyaran brindándome condiciones para poder desarrollar mi trabajo y con ello ser un  agente productivo en mi sociedad. Que el producto artístico que ellos ven en una obra de teatro o danza, en un libro, es un producto de años de formación, de meses de trabajo creativo y de producción, de conocimiento y destreza técnica y de habilidades especializadas, que todo ello es también trabajo.
Habrá quien diga que los artistas nos quejamos mucho, que si es muy difícil nos busquemos otro trabajo que pague y dejemos de hacer tanto alboroto, pero no es tan sencillo. ¿Porqué tendríamos que ahogar nuestro potencial y escoger algo en lo que seguramente seremos mediocres en lugar de pedir las condiciones para hacer un aporte realmente importante en lo que sí somos buenos? El trabajo no es una obligación que deba alienar nuestra humanidad a cambio de un salario, debería ser  encontrar el justo lugar donde desarrollar los talentos con que podemos servir de mejor manera a nuestra colectividad, es decir, encontrar nuestra vocación de vida y de servicio para los demás y como ciudadanos y contribuyentes del país donde vivimos, tenemos el derecho a tener las condiciones que nos garanticen no solo sobrevivir, sino vivir plenamente y aportar lo mejor de nosotros al desarrollo de nuestro entorno.
Como artista, quiero que el Estado que sostengo y del cual soy parte, me garantice las condiciones para desarrollarme según mi vocación, que defienda mi derecho a un trabajo digno, que garantice los mecanismos que me protejan de la explotación y que me auxilien en estados de maternidad, enfermedad, incapacidad y retiro. No estoy pidiendo un trato especial, estoy pidiendo lo  mismo que mis conciudadanos, la oportunidad de construir una vida digna a través de mi honrado trabajo creativo.