Eran los ochentas, al atardecer un ruido fuerte y sordo se escuchaba a lo lejos y luego del bombazo, la energía eléctrica se iba, mis primas y yo esperábamos a que la luz del sol bajara un poco más y luego íbamos a buscar las candelas, dos o tres candelas sobre botes de azúcar o sal, las sombras que se alargaban tenebrosamente sobre las paredes y un locutor dando noticia sobre las últimas victorias del ejército, nada sobre postes derribados ni zonas a oscuras. Las primeras horas de la noche habrían resultado muy aburridas si no fuera porque mi abuelo comenzaba a contar historias de miedo: él encontrándose con el Cadejo, él escapándose del diablo y por supuesto, las historias sobre la niña que todos vieron cuando mi mamá y mis tíos eran niños y vivían en aquel viejo caserón. Mis primas y yo nos íbamos juntando cada vez más a medida que las historias iban avanzando y sentíamos ese cosquilleo mezcla de miedo y expectación, que era como estar en el cine ante una peli de espantos. El tiempo hasta la hora de dormir pasaba volando y cuando había que ir a la cama, nos llevábamos en la nuca ese miedillo, como el soplo de algún fantasma desperdigado que se había fugado de una de las historias. Muchas veces he extrañado esos cuentos de miedo.
Esta semana me contaron tres historias. Tres historias de terror, sin cadejos ni espíritus. Tres historias de personas que trabajaban duro en diversas circunstancias, que vivían en diferentes zonas obreras de este paisito inventado, que vivían lo mejor que puede vivirse en estos lugares, es decir, sin meterse con nadie. Un consultor independiente que ayudaba a su familia con el sostenimiento cotidiano, un trabajador que ahorraba para regresar a la universidad, un cobrador de autobús. ¿Qué tenían en común además de vivir en zonas obreras? Todos tenían entre treinta y treinta y cinco años, todos eran gente productiva que no buscaba problemas y todos fueron asesinados, víctimas de ladrones y pandilleros, sin que la policía ni el sistema judicial hayan podido evitarlo ni ofrecer a sus familiares una mínima esperanza de justicia y dejando a sus seres queridos en el desamparo, la incertidumbre y el miedo.
Para quienes viven a salvo en el otro país dentro de este país, para quienes los muertos de cada día no pasan de ser una cifra en el periódico o una estadística en los reportes mensuales, para quienes no están interesados en saber, desde el comfort de sus oficinas, vehículos y viviendas con guardaespaldas, déjenme contarles cómo es el miedo cotidiano en esta parte del país, donde estamos los que seguimos poniendo los muertos desde hace décadas, mientras los victimarios se disfrazan de víctimas para ser resguardados.
Déjenme contarles el vacío que se siente en la boca del estómago cuando uno va en el bus y ve subirse a dos o tres tipos que se conocen como sospechosos, cómo uno mira hacia la puerta de salida, calculando si podrá o no bajarse antes de que "empiecen a poner", cómo se aflojan las piernas cuando otros tres tipos se suben al bus, entre la Tutu y Puertobus, a decir que quieren un dólar o "ya saben", cómo una corriente angustia va subiendo por el cuerpo cuando son más de las siete y media de la noche, porque se nos ha hecho tarde y una camina de prisa mirando a todas partes y al llegar a la desierta parada de bus quisieras salir corriendo hacia un lugar seguro; lo frío, tremendamente frío que se siente un puñal apoyado contra tus costillas mientras te piden el celular, el miedo que da cerrar la puerta de tu casa y salir a la calle al día siguiente de ser asaltado, la rabia y la impotencia que nos llenan cada uno de los poros cuando te acosan en la calle y sabés que responder es arriesgarte a que te maten. La prisa y el infinito cansancio con el que se llega a las hacinadas colonias obreras, antes que se ponga oscuro y sea peligroso, como animales acorralados que buscan la cueva al anochecer, agotados por el día de violencia que se ha vivido, para desenchufarse frente al televisor y tratar de descansar antes de salir al día siguiente a otra jornada de terror y violencia y así al día siguiente y al día siguiente, para producir y pagar con nuestro trabajo los salarios de los encargados de los sagrados destinos de este país que ya no podemos ver como nuestro, porque en cada una de esas colonias hay rótulos pintados en las paredes que nos recuerdan que ese no es más nuestro territorio, sino el de quienes han tomado como rehén nuestra tranquilidad ante la mirada impasible y la inútil presencia de las autoridades.
Este es nuestro cuento de terror diario, nada que ver con los que contaba mi abuelo.
sábado, marzo 07, 2015
sábado, febrero 28, 2015
En voz alta
Me he resistido a visitar los hospitales, sobre todo los del ISSS, es como una especie de alergia hospitalaria, hay algo en el ambiente de los hospitales que es del todo incompatible conmigo, sin embargo este año he estado en diferentes unidades de salud y hospitales, no como paciente, no, como poeta.
Hospital ISSS Santa Ana. 9:30 a.m. Bajo por vericuetos de escaleras y pasillos, en algo que bien podría ser Calabozos y Dragones, excepto que me acompañan dos señoras con gabachas blancas y un memorandum. Llegamos al sótano. Tocan la puerta de un cuarto diminuto: un archivero, un escritorio, una silla... ah si, el aparato de radiofonía. El encargado me mira con cara de no entender la absurda propuesta que le están haciendo.
- ¿Qué ella va a usar el aparato para qué?
- Para leer poesía - le dice una de las señoras de gabacha blanca, como disculpándose por el tremendo inconveniente
- Diez minutos y luego corto para que usted de los anuncios que tenga que dar y luego hago otros cinco minutos - tercio yo, poniendo mi sonrisa más encantadora.
El encargado de la radiofonía mira el memo y luego hace una llamada, alguien al otro lado ha debido decirle que aquello es de verdad, no hay nada qué hacer, si el papel autoriza, autoriza.
Me siento a la silla, con una mano sostengo el libro y con la otra presiono el interruptor del alta voz. Digo:
De Roberto Armijo A Federico García Lorca
Murió de pie, de pie, definitivo.
Sobre el muro vaciáronse sus venas.
En sus huesos hundieron las avenas
Sus raíces y el grano genitivo.
De su garganta de andaluz olivo
Insurgía la España sin cadenas.
Se daba al pueblo abierto y sensitivo.
Su simiente perenne se conserva
En el verdor del musgo, de la yerba,
El jazminero y el olivo viejo.
Cegaron el temblor de sus retinas.
Lloró el viento, el trigo, las encinas.
Murió también de España con Vallejo.
Y luego otro poema y otro más, mi voz, cargada de Armijo, Roque y Claudia Lars viaja por los altoparlantes a los pasillos y salas del hospital, entre las colas de espera interminable, las camas y las básculas que pesan niños, deja palabras que amainan los minutos planos del tiempo hospitalario.
El encargado del altoparlante me permitió continuar el recital durante casi media hora sin interrupción, dije también que Mario Noel estaba haciendo versos frente a la farmacia. Quité el dedo del interruptor. Tenía que ir a ver a Mario. El señor del altoparlante me mira y me pregunta si ya me voy, le digo que sí, entonces me dice que muy poquito tiempo y que si cuándo vamos a regresar otra vez. Le dejo una hoja con poemas y salgo del sótano de Calabozos y Dragones, dando gracias a los Dioses por la Poesía.
Hospital ISSS Santa Ana. 9:30 a.m. Bajo por vericuetos de escaleras y pasillos, en algo que bien podría ser Calabozos y Dragones, excepto que me acompañan dos señoras con gabachas blancas y un memorandum. Llegamos al sótano. Tocan la puerta de un cuarto diminuto: un archivero, un escritorio, una silla... ah si, el aparato de radiofonía. El encargado me mira con cara de no entender la absurda propuesta que le están haciendo.
- ¿Qué ella va a usar el aparato para qué?
- Para leer poesía - le dice una de las señoras de gabacha blanca, como disculpándose por el tremendo inconveniente
- Diez minutos y luego corto para que usted de los anuncios que tenga que dar y luego hago otros cinco minutos - tercio yo, poniendo mi sonrisa más encantadora.
El encargado de la radiofonía mira el memo y luego hace una llamada, alguien al otro lado ha debido decirle que aquello es de verdad, no hay nada qué hacer, si el papel autoriza, autoriza.
Me siento a la silla, con una mano sostengo el libro y con la otra presiono el interruptor del alta voz. Digo:
De Roberto Armijo A Federico García Lorca
Murió de pie, de pie, definitivo.
Sobre el muro vaciáronse sus venas.
En sus huesos hundieron las avenas
Sus raíces y el grano genitivo.
De su garganta de andaluz olivo
Insurgía la España sin cadenas.
Se daba al pueblo abierto y sensitivo.
Su simiente perenne se conserva
En el verdor del musgo, de la yerba,
El jazminero y el olivo viejo.
Cegaron el temblor de sus retinas.
Lloró el viento, el trigo, las encinas.
Murió también de España con Vallejo.
Y luego otro poema y otro más, mi voz, cargada de Armijo, Roque y Claudia Lars viaja por los altoparlantes a los pasillos y salas del hospital, entre las colas de espera interminable, las camas y las básculas que pesan niños, deja palabras que amainan los minutos planos del tiempo hospitalario.
El encargado del altoparlante me permitió continuar el recital durante casi media hora sin interrupción, dije también que Mario Noel estaba haciendo versos frente a la farmacia. Quité el dedo del interruptor. Tenía que ir a ver a Mario. El señor del altoparlante me mira y me pregunta si ya me voy, le digo que sí, entonces me dice que muy poquito tiempo y que si cuándo vamos a regresar otra vez. Le dejo una hoja con poemas y salgo del sótano de Calabozos y Dragones, dando gracias a los Dioses por la Poesía.
sábado, febrero 14, 2015
De Valentines y Versos
A propósito de este día, estaba pensando en "Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín", que actualmente estamos presentando en nuestra Salita. Mi relación con Lorca es una de las más largas de mi historia, lo visito como visito a Barba, a Fito y a Girondo y son visitas muy productivas, tengo casi todas sus obras en mi lista negra y he tenido la buena fortuna de montar un par de ellas.
"Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín" no era por cierto uno de los títulos a la cabeza de la lista, pero por una de esas cosas de la alineación correcta de los astros y que uno, milagrosamente, está en disposición de hablar de amores y demonios, el montaje surgió. Surgió primero en mi cabeza, como todos mis montajes, aunque lo que luego aparezca en escena pueda diferir más o menos de la idea original, y surgió por unos versos, unos de los más hermosos versos que Federico pudo haber escrito:
Amor, amor
que estoy herido,
herido de amor huido,
herido,
muerto de amor.
Decid a todos que ha sido el ruiseñor.
Bisturí de cuatro filos,
garganta rota y olvido.
Cógeme la mano, amor,
que vengo muy mal herido,
herido de amor huido,
¡Herido!
¡Muerto de amor!
Tiene una música perfecta, procuraba quedarme sola para poder recitármelo despacio, saboreando la cadencia, sobre todo en: "bisturí de cuatro filos, garganta rota y olvido", es una cosa tan bella y amarga que te parte el corazón aunque no estés enamorado y bueno, luego de un par de semanas sin soltar esos versos, tenía que releer la obra y ponerla del derecho y del revés hasta saber cómo deseaba montarla.
No es una de las más famosas de Lorca, no son sus grandes tragedias ni su teatro de guiñol, es una pieza pequeña para un teatro de cámara, algo íntimo para lo que el propio Lorca compuso la música, el autor dice: "Aleluya erótica en cuatro cuadros" y es como si ya estuviera jugando y le invitara a uno, como si uno pudiera divertirse mucho haciendo algo así. Lo de aleluya me descolocó, pensé en algo místico hasta que investigando, descubrí las aleluyas y tebeos del siglo XIX y pude ver a Don Perlimplín, viejo verde, casi entre Pantalón y Cristobita y eso me abrió todo un otro mundo.
Perlimplín aparecía entonces como un Cristobita con alma, un alma que sin quererlo tropezó con el amor y el deseo de poseer totalmente al objeto amado, eso tan humano, a pesar de tantos siglos de querer amaestrar al instinto y hacer que se comporte de forma políticamente correcta.
El amor de pareja no es el amor fraternal que se brinda a la humanidad sin distinción de raza o credo y sin esperar nada a cambio, es el amor que se convierte en deseo por vernos reflejados en el objeto de nuestro afecto, saber que somos una vibración que resuena en un otro, donde dejamos nuestra huella y como escuché en una película hace rato: "es triste cuando el objeto de nuestro afecto no responde con el entusiasmo que uno quisiera", entonces ¿qué hacer? ¿qué hace Perlimplín cuando descubre que la vibración de su alma no resuena en Belisa porque simplemente Belisa no tiene un alma? Lo único que puede hacer: le da un alma a Belisa, un alma que sea capaz de entender el amor a través de la sensualidad del cuerpo que se comparte no por el deseo vacío o la tenaza de la soledad, sino como un acto de comunión amorosa.
Sin embargo, cada vez que los humanos involucramos a nuestra alma hay consecuencias, enormes consecuencias, como le sucede a Fausto cuando compromete su alma para ganar el corazón de Margarita. Para Perlimplín entonces, habrán consecuencias, trágicas, como sucede siempre en Lorca cuando hablamos de amor.
Esas eran las ideas que me rondaban cuando me hundía por enésima vez en la lectura de la pieza y pensaba: tengo que verla en el escenario. Y aquí esta, cumpliendo ya su segundo año de vida y generando nuevas preguntas sobre esa cosa llamada amor.
Para quienes quieran acompañarnos estará este jueves 19 de febrero, a las 6:00 p.m. en nuestra Salita TIET - ACJ, Urbanización San Ernesto, pasaje San Carlos, no. 128 (sobre el boulevar de Los Héroes, entre mr. donut 24 horas y Scotiabank).
"Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín" no era por cierto uno de los títulos a la cabeza de la lista, pero por una de esas cosas de la alineación correcta de los astros y que uno, milagrosamente, está en disposición de hablar de amores y demonios, el montaje surgió. Surgió primero en mi cabeza, como todos mis montajes, aunque lo que luego aparezca en escena pueda diferir más o menos de la idea original, y surgió por unos versos, unos de los más hermosos versos que Federico pudo haber escrito:
Amor, amor
que estoy herido,
herido de amor huido,
herido,
muerto de amor.
Decid a todos que ha sido el ruiseñor.
Bisturí de cuatro filos,
garganta rota y olvido.
Cógeme la mano, amor,
que vengo muy mal herido,
herido de amor huido,
¡Herido!
¡Muerto de amor!
Tiene una música perfecta, procuraba quedarme sola para poder recitármelo despacio, saboreando la cadencia, sobre todo en: "bisturí de cuatro filos, garganta rota y olvido", es una cosa tan bella y amarga que te parte el corazón aunque no estés enamorado y bueno, luego de un par de semanas sin soltar esos versos, tenía que releer la obra y ponerla del derecho y del revés hasta saber cómo deseaba montarla.
No es una de las más famosas de Lorca, no son sus grandes tragedias ni su teatro de guiñol, es una pieza pequeña para un teatro de cámara, algo íntimo para lo que el propio Lorca compuso la música, el autor dice: "Aleluya erótica en cuatro cuadros" y es como si ya estuviera jugando y le invitara a uno, como si uno pudiera divertirse mucho haciendo algo así. Lo de aleluya me descolocó, pensé en algo místico hasta que investigando, descubrí las aleluyas y tebeos del siglo XIX y pude ver a Don Perlimplín, viejo verde, casi entre Pantalón y Cristobita y eso me abrió todo un otro mundo.
Perlimplín aparecía entonces como un Cristobita con alma, un alma que sin quererlo tropezó con el amor y el deseo de poseer totalmente al objeto amado, eso tan humano, a pesar de tantos siglos de querer amaestrar al instinto y hacer que se comporte de forma políticamente correcta.
El amor de pareja no es el amor fraternal que se brinda a la humanidad sin distinción de raza o credo y sin esperar nada a cambio, es el amor que se convierte en deseo por vernos reflejados en el objeto de nuestro afecto, saber que somos una vibración que resuena en un otro, donde dejamos nuestra huella y como escuché en una película hace rato: "es triste cuando el objeto de nuestro afecto no responde con el entusiasmo que uno quisiera", entonces ¿qué hacer? ¿qué hace Perlimplín cuando descubre que la vibración de su alma no resuena en Belisa porque simplemente Belisa no tiene un alma? Lo único que puede hacer: le da un alma a Belisa, un alma que sea capaz de entender el amor a través de la sensualidad del cuerpo que se comparte no por el deseo vacío o la tenaza de la soledad, sino como un acto de comunión amorosa.
Sin embargo, cada vez que los humanos involucramos a nuestra alma hay consecuencias, enormes consecuencias, como le sucede a Fausto cuando compromete su alma para ganar el corazón de Margarita. Para Perlimplín entonces, habrán consecuencias, trágicas, como sucede siempre en Lorca cuando hablamos de amor.
Esas eran las ideas que me rondaban cuando me hundía por enésima vez en la lectura de la pieza y pensaba: tengo que verla en el escenario. Y aquí esta, cumpliendo ya su segundo año de vida y generando nuevas preguntas sobre esa cosa llamada amor.
Para quienes quieran acompañarnos estará este jueves 19 de febrero, a las 6:00 p.m. en nuestra Salita TIET - ACJ, Urbanización San Ernesto, pasaje San Carlos, no. 128 (sobre el boulevar de Los Héroes, entre mr. donut 24 horas y Scotiabank).
sábado, febrero 07, 2015
Un puñado de polvo, un gesto.
Han pasado un par de semanas desde que junto al TIET realizamos el Encuentro Teatro y Memoria y luego de las emociones, las ideas comienzan a gravitar y asentarse donde deben. La idea del encuentro surgió como surgen nuestras ideas antes de crecer y convertirse en nuevos territorios; en diciembre estábamos hablando de lo que haríamos en 2015: qué queríamos montar, a quién queríamos recibir, qué clases íbamos a organizar, adónde queríamos ir y de pronto surgió: "¿qué tal si hacemos un encuentro, algo sobre los acuerdos de paz?", habíamos hecho antes otras acciones: lecturas, presentar nuestra Santa María de la Espera, todo como una especie de gesto mínimo para reflejar la indignación que aún nos causa el olvido en el que caen ciertas cosas en nuestra realidad.
Sin embargo, esta vez la idea era generar un pequeño espacio para poder encontrarnos con otros colegas y hablar sobre cómo nos vemos, cómo vemos esta porción de territorio a la que llamamos "nuestro país" y ese trozo de tiempo al que llamamos "la guerra", así, sin intentar ser políticamente correctos ni gramaticalmente acertados, simplemente como la llamamos desde que tenemos noción de ella, le dices a alguien: ¿vos te acordás de la guerra? ¿dónde estabas para la guerra? ¿te fuiste para la guerra? y si el interlocutor tiene más de 35, sabe de lo que le estás hablando.
Queríamos encontrarnos con otros colegas salvadoreños que habían realizado trabajos sobre la vida y la violencia de nuestro pasado no tan remoto, porque trabajando desde donde lo hacemos, muchas veces sientes que estás lanzando un mensaje en una botella en medio del mar, deseas que alguien lo lea pero no sabes si sucederá y luego de un tiempo eso puede producir una sensación de soledad. Entonces es bueno encontrarse con otros navegantes, saber porqué hacen lo que hacen y cómo lo logran. Cuáles son las semillas de sueño que laten dentro de cada necedad, de cada necesidad por decir sobre el escenario cosas que sólo le importan a un puñado de gente.
Y entonces contactamos a los colegas, conseguimos espacios, gastamos los ahorros y conseguimos plata prestada y en nuestra mínima sala, donde caben unas cuarenta y cinco personas y casi siempre sobran asientos, abrimos el telón del encuentro con, por supuesto, únicamente un puñado de personas. Hablamos sobre nuestros procesos creativos como daramaturgos, directores y actores, sobre lo que significa tratar de hilvanar retazos de memoria sobre un tiempo que no logramos recordar de la misma forma en este país que no tiene una historia de esa época y quizás de casi ninguna época, leímos piezas que permanecen inéditas y son el tejido de la palabra y la poesía que cada uno de los colectivos propone en escena y finalmente presentamos con emoción, en nuestra mínima sala, los trabajos propios y de los colegas, que daban cuenta de cómo logramos recordar, interpretar y hablar de esto que somos y nos atraviesa como una pequeña esquirla que no logramos sacar y encona la carne a su alrededor. Todo ante un puñado de gente que tal vez siente ese mismo encono.
Tal vez nuestro Encuentro Teatro y Memoria sea solo otro de nuestros mínimos gestos ante un puñado de gente que lo comparte, para sacarnos la indignación que este paisito produce, como el de Antígona vertiendo una capa de polvo sobre el cadáver de Polinices para que el viento lo arrastre luego, un gesto pequeño pero necesario para no desaparecer entre los jirones de memoria que se va llevando el presente. Un gesto de siempre necesaria resistencia, tal y como lo es continuar con nuestra actividad en la pequeña sala del boulevard Los Héroes, aguardando a ese puñado de espectadores que necesitan compartir ese gesto.
Sin embargo, esta vez la idea era generar un pequeño espacio para poder encontrarnos con otros colegas y hablar sobre cómo nos vemos, cómo vemos esta porción de territorio a la que llamamos "nuestro país" y ese trozo de tiempo al que llamamos "la guerra", así, sin intentar ser políticamente correctos ni gramaticalmente acertados, simplemente como la llamamos desde que tenemos noción de ella, le dices a alguien: ¿vos te acordás de la guerra? ¿dónde estabas para la guerra? ¿te fuiste para la guerra? y si el interlocutor tiene más de 35, sabe de lo que le estás hablando.
Queríamos encontrarnos con otros colegas salvadoreños que habían realizado trabajos sobre la vida y la violencia de nuestro pasado no tan remoto, porque trabajando desde donde lo hacemos, muchas veces sientes que estás lanzando un mensaje en una botella en medio del mar, deseas que alguien lo lea pero no sabes si sucederá y luego de un tiempo eso puede producir una sensación de soledad. Entonces es bueno encontrarse con otros navegantes, saber porqué hacen lo que hacen y cómo lo logran. Cuáles son las semillas de sueño que laten dentro de cada necedad, de cada necesidad por decir sobre el escenario cosas que sólo le importan a un puñado de gente.
Y entonces contactamos a los colegas, conseguimos espacios, gastamos los ahorros y conseguimos plata prestada y en nuestra mínima sala, donde caben unas cuarenta y cinco personas y casi siempre sobran asientos, abrimos el telón del encuentro con, por supuesto, únicamente un puñado de personas. Hablamos sobre nuestros procesos creativos como daramaturgos, directores y actores, sobre lo que significa tratar de hilvanar retazos de memoria sobre un tiempo que no logramos recordar de la misma forma en este país que no tiene una historia de esa época y quizás de casi ninguna época, leímos piezas que permanecen inéditas y son el tejido de la palabra y la poesía que cada uno de los colectivos propone en escena y finalmente presentamos con emoción, en nuestra mínima sala, los trabajos propios y de los colegas, que daban cuenta de cómo logramos recordar, interpretar y hablar de esto que somos y nos atraviesa como una pequeña esquirla que no logramos sacar y encona la carne a su alrededor. Todo ante un puñado de gente que tal vez siente ese mismo encono.
Tal vez nuestro Encuentro Teatro y Memoria sea solo otro de nuestros mínimos gestos ante un puñado de gente que lo comparte, para sacarnos la indignación que este paisito produce, como el de Antígona vertiendo una capa de polvo sobre el cadáver de Polinices para que el viento lo arrastre luego, un gesto pequeño pero necesario para no desaparecer entre los jirones de memoria que se va llevando el presente. Un gesto de siempre necesaria resistencia, tal y como lo es continuar con nuestra actividad en la pequeña sala del boulevard Los Héroes, aguardando a ese puñado de espectadores que necesitan compartir ese gesto.
sábado, diciembre 20, 2014
Cuentos de Navidad
Por la Gaticueva todo estaba quieto y callado, no se movía ni un ratón. Los buenos lectores se habían ido a dormir temprano y se habían portado bien todo el año, para que papá Harry que no era reno sino uno de los ayudantes desconocidos de papá Noel, les pusiera debajo del árbol un par de cuentos para la Navidad... y como todos se han portado tan bien y han hecho tantas travesuras, aquí van dos cuentos de 365...
p.d. Harry y Jen se van de vacaciones, así que cerramos La Gaticueva y regresamos hasta después del Día de Reyes. ¡Nos vemos en 2015!
150. Villancico.
Caos es la única palabra que sería capaz de aproximarse
a una descripción del Centro Histórico de San Salvador en la semana previa a la
navidad. Miles de personas que hormiguean con los rostros congestionados por el
calor, entre los cientos de bocinas del tráfico parado por horas, como
dinosaurios atrapados en las prehistóricas pilas de alquitrán, gimiendo
lastimeramente al azulísimo cielo de diciembre mientras se hunden en la
reverberación del calor que desprende cada centímetro cuadrado del cemento sin
el auxilio del aire acondicionado. En medio de la Plaza Cívica frente a la
Catedral, bajo la sombra de la ceiba, apoyada en la verja pintada de verde, una
prostituta cincuentona entrada en carnes, deja ver descaradamente su oficio
enfundado en una camisa de tubo de un morado metálico, que le queda dos tallas
más chica, al igual que la falda de algodón alicrado, de un verde limón, que
marca la tanga en su enorme trasero; todo le tiene sin cuidado, mira alrededor
disfrutando del paisaje mientras tararea: “güi güish una meri crismas… güi
güish una meri crismas… güi güish una meri crismas an japi niu yiiiiirrr…”
151. Espíritu navideño.
Todo ese tema de la navidad le tenía sin cuidado, en
esto no era nada original, más bien se sumaba a uno de los tres tercios de la
humanidad en esta época del año: los entusiastas, los que la odiaban con todo
el hígado y a los que les tenía sin cuidado; a él, repito, le tenía sin cuidado
y no había nada particular para ello: no pertenecía a alguna cultura exótica
que no reconociera la fecha, no existía ningún trauma de infancia, ningún amor perdido en la temporada, ningún
abandono, es más, disfrutaba de la gastronomía de la época como lo haría con la
gastronomía de cualquier otra de las celebraciones que se sucedían a lo largo
del año, en ese país que parecía ser aficionado a las celebraciones, más por ir
de compras y tener otro pretexto para emborracharse aparte del fútbol, que por
una emoción sincera. No tenía nada en
contra de la temporada navideña: es que simplemente no le gustaba la gente
aglomerada.p.d. Harry y Jen se van de vacaciones, así que cerramos La Gaticueva y regresamos hasta después del Día de Reyes. ¡Nos vemos en 2015!
sábado, diciembre 13, 2014
Señores Candidatos
La campaña electoral no ha comenzado, al menos no formalmente, aunque hay invitaciones de uno y otro partido político a los diferentes sectores sociales, grandes vallas publicitarias con nombres de los candidatos y spots publicitarios... claro, no es campaña porque "no se pide el voto", uno se acostumbra a tales eufemismos o acaba con úlcera gástrica y hasta cerebral de tanto hacer bilis. Pronto comenzarán los spots navideños donde cada candidato saludará, deseará una feliz navidad y un próspero 2015 y pedirá a los votantes que piensen cuál es el país que desean, como si fuera cuestión de pedirlo al Niño Dios (de nuevo, no es campaña porque no se pide el voto).
A una le dan ganas de enviarle una cartita a los señores candidatos, en plan de lista de deseos, para ponerse en el ambiente, sin embargo de momento me da más curiosidad saber qué proponen los candidatos para alcaldes y diputados de los diferentes partidos en cuanto al Sector Artístico, al menos si habrá un punto consignado para ello dentro de la plataforma de Cultura, si es que existe.
No, no, voy a decir Sector Cultural para tratar de que el Arte se vea como algo serio, utilitario, con finalidad de prevención social o cualesquiera de los apellidos que se le ponen al Arte para hacer que quepa aunque sea a la fuercecita en cualquier planificación, tampoco voy a llamarlo industria cultural: el teatro de grupo, el teatro experimental, los performers, los colectivos multidisciplinarios, los artistas de nuevo circo, las editoriales cartoneras y otros muchos no tienen un modelo de producción que pueda ser considerado como industria cultural, eligen no tenerlo porque su búsqueda va encaminada hacia otra cosa.
No digo para el Sector Cultura, digo para el Sector Artístico. Junto a mi trabajo cultural yo soy Artista, soy escritora y hago Arte Escénico, mi producción que no es por encargo responde a otras inquietudes que no necesariamente ponen en primer plano un discurso de prevención social, a veces mis formas discursivas no son políticamente correctas, en ocasiones el público al que me dirijo no es el que está en boga en las agendas de las ong's, mis formas de producción no responden a las de una industria cultural, pero hago Arte, los destellos de Belleza que logro reflejar en mi trabajo persiguen encontrar al Humano que será mi interlocutor entre el público anónimo al que mi obra llegue, allí no daremos discursos ni doctrinas, hablaremos de la violencia, de la vida de las mujeres y de los hombres, del amor, del engaño, de lo que nos atemoriza y de lo que nos esperanza, ojalá no estemos todos de acuerdo, pero ojalá podamos encontrarnos por un momento, ese es mi aporte a la construcción social del país que sueño: un lugar donde la gente también tenga derecho al goce estético, a la risa y a la imaginación, a la recuperación de su Humanidad, del derecho de compartir el espacio público y de sentirse parte de una comunidad.
Como ciudadana de este país pago puntualmente mis impuestos y los servicios que recibo, soy cabeza de familia (como muchas mujeres salvadoreñas) y sostengo económicamente una casa, pago los servicios de los colegas Artistas y Artesanos que participan en mis producciones, movemos una micro economía de servicios (transporte, alquileres, servicios, compra de productos) y generamos empleos, nos capacitamos constantemente para ofrecer mejor calidad cada vez, representamos a El Salvador en el extranjero participando en giras y recibiendo premios para nuestro país, viajes que nos costeamos con nuestros propios medios, generamos relaciones humanas y modelos de producción que promueven la solidaridad y el intercambio respetuoso de los que entran en ellos y no renunciamos a nuestros ideales.
Como ciudadana de mí país no quiero escindirme interiormente, renunciar a ser dueña de mí y comportarme de un modo contrario a mi Ser, es decir, no quiero alienarme. Como ciudadana y votante, tampoco deseo emigrar, quiero hacer mi trabajo artístico en donde nací y que se respete mi sentido de pertenencia y el arraigo a mi tierra, no quiero que se me obligue a migrar para poder escribir y hacer arte escénico en condiciones que me permitan mi sostén económico y humano y el de la familia que mantengo, con dignidad.
Señores candidatos a alcaldes y diputados, yo soy Artista y también soy ciudadana, votante, contribuyente, trabajadora y quisiera saber qué me proponen ustedes, como candidatos a representarme en el gobierno de mi país, para que el Sector Artístico salvadoreño pueda realizar su aporte a la construcción social a través de su trabajo, cómo van a cumplir con su obligación de garantizarnos el goce de la libertad, la salud, la cultura, el bienestar económico y la justicia social, que consigna el artículo 1 de nuestra Constitución. No quiero que me ofrezcan presupuestos como quien ofrece dulces a la garduña para que se los peleen a empujones y arañazos, ni soluciones miopes e inmediatistas como quien ofrece una bolsa de granos básicos después de una larguísima cola bajo el sol, una vez cada campaña, no quiero que me digan que tienen una receta para la solución absoluta de todos mis problemas, ningún gobierno puede resolvernos la vida, las soluciones las construimos juntos pero necesitamos un marco legal y económico para hacerlo, por ello quiero un planteamiento serio que me haga decidirme porqué debe ser usted a quien se le pague su salario con mis impuestos y mi trabajo.
Jennifer Valiente
Artista escénica y escritora
A una le dan ganas de enviarle una cartita a los señores candidatos, en plan de lista de deseos, para ponerse en el ambiente, sin embargo de momento me da más curiosidad saber qué proponen los candidatos para alcaldes y diputados de los diferentes partidos en cuanto al Sector Artístico, al menos si habrá un punto consignado para ello dentro de la plataforma de Cultura, si es que existe.
No, no, voy a decir Sector Cultural para tratar de que el Arte se vea como algo serio, utilitario, con finalidad de prevención social o cualesquiera de los apellidos que se le ponen al Arte para hacer que quepa aunque sea a la fuercecita en cualquier planificación, tampoco voy a llamarlo industria cultural: el teatro de grupo, el teatro experimental, los performers, los colectivos multidisciplinarios, los artistas de nuevo circo, las editoriales cartoneras y otros muchos no tienen un modelo de producción que pueda ser considerado como industria cultural, eligen no tenerlo porque su búsqueda va encaminada hacia otra cosa.
No digo para el Sector Cultura, digo para el Sector Artístico. Junto a mi trabajo cultural yo soy Artista, soy escritora y hago Arte Escénico, mi producción que no es por encargo responde a otras inquietudes que no necesariamente ponen en primer plano un discurso de prevención social, a veces mis formas discursivas no son políticamente correctas, en ocasiones el público al que me dirijo no es el que está en boga en las agendas de las ong's, mis formas de producción no responden a las de una industria cultural, pero hago Arte, los destellos de Belleza que logro reflejar en mi trabajo persiguen encontrar al Humano que será mi interlocutor entre el público anónimo al que mi obra llegue, allí no daremos discursos ni doctrinas, hablaremos de la violencia, de la vida de las mujeres y de los hombres, del amor, del engaño, de lo que nos atemoriza y de lo que nos esperanza, ojalá no estemos todos de acuerdo, pero ojalá podamos encontrarnos por un momento, ese es mi aporte a la construcción social del país que sueño: un lugar donde la gente también tenga derecho al goce estético, a la risa y a la imaginación, a la recuperación de su Humanidad, del derecho de compartir el espacio público y de sentirse parte de una comunidad.
Como ciudadana de este país pago puntualmente mis impuestos y los servicios que recibo, soy cabeza de familia (como muchas mujeres salvadoreñas) y sostengo económicamente una casa, pago los servicios de los colegas Artistas y Artesanos que participan en mis producciones, movemos una micro economía de servicios (transporte, alquileres, servicios, compra de productos) y generamos empleos, nos capacitamos constantemente para ofrecer mejor calidad cada vez, representamos a El Salvador en el extranjero participando en giras y recibiendo premios para nuestro país, viajes que nos costeamos con nuestros propios medios, generamos relaciones humanas y modelos de producción que promueven la solidaridad y el intercambio respetuoso de los que entran en ellos y no renunciamos a nuestros ideales.
Como ciudadana de mí país no quiero escindirme interiormente, renunciar a ser dueña de mí y comportarme de un modo contrario a mi Ser, es decir, no quiero alienarme. Como ciudadana y votante, tampoco deseo emigrar, quiero hacer mi trabajo artístico en donde nací y que se respete mi sentido de pertenencia y el arraigo a mi tierra, no quiero que se me obligue a migrar para poder escribir y hacer arte escénico en condiciones que me permitan mi sostén económico y humano y el de la familia que mantengo, con dignidad.
Señores candidatos a alcaldes y diputados, yo soy Artista y también soy ciudadana, votante, contribuyente, trabajadora y quisiera saber qué me proponen ustedes, como candidatos a representarme en el gobierno de mi país, para que el Sector Artístico salvadoreño pueda realizar su aporte a la construcción social a través de su trabajo, cómo van a cumplir con su obligación de garantizarnos el goce de la libertad, la salud, la cultura, el bienestar económico y la justicia social, que consigna el artículo 1 de nuestra Constitución. No quiero que me ofrezcan presupuestos como quien ofrece dulces a la garduña para que se los peleen a empujones y arañazos, ni soluciones miopes e inmediatistas como quien ofrece una bolsa de granos básicos después de una larguísima cola bajo el sol, una vez cada campaña, no quiero que me digan que tienen una receta para la solución absoluta de todos mis problemas, ningún gobierno puede resolvernos la vida, las soluciones las construimos juntos pero necesitamos un marco legal y económico para hacerlo, por ello quiero un planteamiento serio que me haga decidirme porqué debe ser usted a quien se le pague su salario con mis impuestos y mi trabajo.
Jennifer Valiente
Artista escénica y escritora
sábado, diciembre 06, 2014
Larga vida...
No sé cuántos años tenía, los suficientes como para leer todo lo que me caía en las manos, preferir mil veces a Mazinger sobre cualquier historia de chicas huérfanas y enamoradas y para tener dos grandes amores: Charles Darwin y el Señor Spock.
Lo de Darwin fué un amor tortuguil. En uno de los Almanaques Escuela para Todos que mi abuelo coleccionaba y usaba como se usan las enciclopedias, había unas tortugas del tamaño de una casa (léase en mi interpretación de ese momento, considerando la fotografía), era una tortuga gigante de las Islas Galápagos, donde Darwin había realizado sus observaciones sobre la fauna, especialmente los pinzones, que luego contribuirían a la elaboración de su Teoría de la Evolución. Cada vez que mi abuelo hablaba de la Evolución, mi abuela lo llamaba masón. Cada vez que yo veía la foto de la enorme tortuga, me convencía que cuando fuera grande sería exploradora y científica y seguramente me iría a una isla con muchos animales y poca gente.
Uno de esos días, cambiando canales en nuestro televisor, un armatoste ruidoso que marcaba con un sonoro ¡clac, clac! los cambios de canales, vi una nave... era la Enterprise, la nave insignia de la Flota Estelar de la Federación Unida de Planetas y en la tripulación, además de personas de diferentes razas, habían personas de diferentes planetas... aquello me pareció... fascinante. Fascinante todo lo relacionado con los vulcanos (y luego con los klingons), planetas por descubrir y la inolvidable frase de entrada: "El espacio, la frontera final..." ¿Cómo será estar en donde ningún ser humano ha estado jamás?, pensaba . De hecho para mi próxima vida pediré ser vulcana o un elfo (deben ser las orejas).
Aquella serie, además de ser una de las primeras que presentaban a personas de diferentes razas como protagonistas ante la sociedad estadounidense del '68 (ni pensaba yo en nacer), año en que Tommie Smith y John Carlos alzaban su puño enguantado de negro en los Juegos Olímpicos de México y la teniente Uhura (una teniente, mujer, afroamericana) monitoreaba comunicaciones interestelares, fue la puerta de entrada a todo un universo de nuevas palabras: velocidad warp, agujeros de gusano, planetas, fuerza de gravedad, lógica... y a nuevos apuros por conseguir otros libros que contuvieran esas nuevas palabras. hermosos libros que hablaban de cosas enormemente grandes o enormemente pequeñas, cosas que parecían surgidas de la imaginación de un escritor pero que eran de verdad. Entonces decidí que luego de pasar un par de años conviviendo con muchos animales y poca gente, me iría a explorar otros mundos, claro, eso fue hasta que descubrí que la altura me daba vértigo... cosas que le suceden a una en el mundo real.
Darwin y la expedición del Beagle junto al Señor Spock y su lógica vulcana, influenciaron mi época científica, que duró formalmente hasta un par de años después de haberme graduado de Bióloga, cuando dejé la Biología por el Teatro. No fui a otros planetas ni a otras épocas, no en una nave espacial al menos, sin embargo a veces me descubro después de la función de estreno, sistematizando los resultados de la investigación escénica y estableciendo su clasificación o construyendo el esquema de un nuevo ciclo de entrenamiento actoral, definiendo las variables a correlacionar y aventurando alguna hipótesis a propósito del fenómeno del movimiento en el cuerpo del actor o alguna otra cosa, entonces me río de mí con mucha simpatía por mi nerd interior que conserva casi intactas sus orejas vulcanas y le deseo larga vida y prosperidad.
Lo de Darwin fué un amor tortuguil. En uno de los Almanaques Escuela para Todos que mi abuelo coleccionaba y usaba como se usan las enciclopedias, había unas tortugas del tamaño de una casa (léase en mi interpretación de ese momento, considerando la fotografía), era una tortuga gigante de las Islas Galápagos, donde Darwin había realizado sus observaciones sobre la fauna, especialmente los pinzones, que luego contribuirían a la elaboración de su Teoría de la Evolución. Cada vez que mi abuelo hablaba de la Evolución, mi abuela lo llamaba masón. Cada vez que yo veía la foto de la enorme tortuga, me convencía que cuando fuera grande sería exploradora y científica y seguramente me iría a una isla con muchos animales y poca gente.
Uno de esos días, cambiando canales en nuestro televisor, un armatoste ruidoso que marcaba con un sonoro ¡clac, clac! los cambios de canales, vi una nave... era la Enterprise, la nave insignia de la Flota Estelar de la Federación Unida de Planetas y en la tripulación, además de personas de diferentes razas, habían personas de diferentes planetas... aquello me pareció... fascinante. Fascinante todo lo relacionado con los vulcanos (y luego con los klingons), planetas por descubrir y la inolvidable frase de entrada: "El espacio, la frontera final..." ¿Cómo será estar en donde ningún ser humano ha estado jamás?, pensaba . De hecho para mi próxima vida pediré ser vulcana o un elfo (deben ser las orejas).
Aquella serie, además de ser una de las primeras que presentaban a personas de diferentes razas como protagonistas ante la sociedad estadounidense del '68 (ni pensaba yo en nacer), año en que Tommie Smith y John Carlos alzaban su puño enguantado de negro en los Juegos Olímpicos de México y la teniente Uhura (una teniente, mujer, afroamericana) monitoreaba comunicaciones interestelares, fue la puerta de entrada a todo un universo de nuevas palabras: velocidad warp, agujeros de gusano, planetas, fuerza de gravedad, lógica... y a nuevos apuros por conseguir otros libros que contuvieran esas nuevas palabras. hermosos libros que hablaban de cosas enormemente grandes o enormemente pequeñas, cosas que parecían surgidas de la imaginación de un escritor pero que eran de verdad. Entonces decidí que luego de pasar un par de años conviviendo con muchos animales y poca gente, me iría a explorar otros mundos, claro, eso fue hasta que descubrí que la altura me daba vértigo... cosas que le suceden a una en el mundo real.
Darwin y la expedición del Beagle junto al Señor Spock y su lógica vulcana, influenciaron mi época científica, que duró formalmente hasta un par de años después de haberme graduado de Bióloga, cuando dejé la Biología por el Teatro. No fui a otros planetas ni a otras épocas, no en una nave espacial al menos, sin embargo a veces me descubro después de la función de estreno, sistematizando los resultados de la investigación escénica y estableciendo su clasificación o construyendo el esquema de un nuevo ciclo de entrenamiento actoral, definiendo las variables a correlacionar y aventurando alguna hipótesis a propósito del fenómeno del movimiento en el cuerpo del actor o alguna otra cosa, entonces me río de mí con mucha simpatía por mi nerd interior que conserva casi intactas sus orejas vulcanas y le deseo larga vida y prosperidad.
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