martes, noviembre 06, 2018

Caminando...

nacimos vivimos
morimos caminando

perseguidos
combatidos
olvidados
odiados
sin infancia
sin risa
dueños del aire apenas
soñándonos raíz...

Pedro Geoffroy Rivas
Para los nietos del jaguar


Camina la gente. Más gente que en la guinda de Mayo del '82. Ahora caminan de día, pero siempre con lo que puede caber en un par de bolsas o mochilas. Así pasa cuando uno tiene que irse.
La gente salió de Honduras, pero también de Guate y de El Salvador. Gente de cantones y comunidades periféricas a las grandes ciudades dormitorio del  infame triángulo norte de las noticias, donde en 2016 se contaron cuarenta muertes violentas por día, mientras Honduras y El Salvador se disputaban el primer lugar en las cifras, más de a de veras Guerra del Fútbol, pero contando cadáveres y con un triunfante El Salvador por tres años consecutivos hasta el año pasado  (al fondo, vítores de la afición).
Camina la gente.
Los políticos se rasgan las vestiduras y todo el mundo pone en las redes su propia teoría de la conspiración de quién estará detrás de esta difamatoria oleada de pobreza. 
Cuando salían a cuentagotas estaba bien. Salían en la madrugada, sin hacer ruido porque les habían dado un día o dos para irse de la colonia, sino los mataban, las violaban de doce a veinte mareros, los partían en pedacitos, los desaparecían y se convertían en hojas fotocopiadas con foto, nombre, el último lugar y fecha donde lo vieron y un número de teléfono para avisar si lo habían encontrado, como en los carteles de las películas del oeste, vivo o muerto, pero nadie llama a esos teléfonos, por más hojas pegadas, cientos de hojas fotocopiadas en las paradas de buses con todos los desaparecidos, pero no podemos decirles desaparecidos porque no estamos en guerra, tampoco pueden entrar en las cifras oficiales, eso es lo bueno de que la gente se desvanezca en el aire, no engorda las estadísticas.
Los que quedaron hicieron algo condenable: caminaron a luz del día, todos juntos porque a la mejor así no les roban todo en las fronteras, o los matan, o las violan, o les quitan sus niños, o los destripan por negocios o placer, o los encierran para que trabajen sin ver de nuevo el sol.
Veo las fotos en las redes. Parecen escenas de la película "Los niños del Hombre", u otra de estas pelis de ciencia ficción, tan proféticas ellas.Tal vez alguien lo organizó, tal vez de uno u otro bando de los que se reparten nuestros pellejos como perros en el basurero, no importa, la gente estaba tan desesperada por escapar que caminó. ¿Qué más se puede hacer cuándo la otra opción es morirte? Caminás. 
¿O ya se les olvidaron las guindas de los ochentas?
Ahora los que caminan atraviesan el duro territorio mexicano y aunque vayan en caravana se pierden, siempre hay un monstruo lo suficientemente grande como para darte un mordisco. Algunos comienzan a regresar, aunque no sepan bien a qué, regresan, son los que todavía tienen a dónde volver. Muchos de ellos no, ya no tienen nada, no pueden darse el lujo de regresar, probarán suerte, a ver si no les toca a sus calaveras esbozar alguna sonrisa irónica en el camino.
Cada vez se escuchará menos de ellos. Los noticieros y las redes son bien educados y saben cuándo callar. Nadie quiere escándalos en la puerta de los poderosos.
Finalmente, como cualquier trending topic, pasarán. Y encontraremos alguna otra injusticia interesante por la cual indignarnos desde la comodidad de nuestro celular, mientras el resto sigue saliendo a cuentagotas cuando les toque el turno.

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