miércoles, septiembre 18, 2019

Crónicas subterráqueas. I

Bitácora personal. Fecha estelar 303286. En esta planicie rodeada de paisaje alomado, seguramente el suelo debe ser de estrato volcánico, posiblemente la temperatura no baje nunca de los 24 oC, pero el recubrimiento de asfalto hace que la sensación térmica sea mayor. Este es uno de los soles más brillantes que he visto, aunque la estrella no es tan grande como en otros sistemas.
Civilización primitiva, fácilmente clasificable como wannabe en fase de caudillismo, altamente influenciable e impresionable según lo que he podido registrar, de modo que he sido muy cauteloso en mi investigación. Últimamente no he tenido mucho contacto con los nativos, aún no sé si será igual en otras zonas geográficas, pero al menos en el lugar donde aterricé hay un gran riesgo de lapidación si uno expresa opiniones contrarias a las aplaudidas por un sector de la población (Nota: aplaudir es un rasgo cultural característico, pero debe tenerse cuidado de aplaudir solo si los demás aplauden, sea que se conozca o no el motivo).
Hemos llegado en medio de una efervescencia social caracterizada por largas colas a las que las personas se agregan para ponerse del mal humor y descargarlo con personal del sexo femenino asignado para ello, este personal también transfiere su mal humor a las personas de la cola, me parece que es un ritual de intercambio de ira en donde al final se realiza también un intercambio de materiales simbólicos que deja satisfechas a ambas partes. Uno de estos materiales es una pasta insalubre de consistencia no agradable, que al enfriarse se vuelve totalmente asquerosa para mis papilas gustativas, sin embargo cuando este material se agota, el mal humor de los humanoides es evidente y el avance en la cola se para.
Según su nivel de evolución, esta sociedad es afecta a las colas, estacionarias o en movimiento, siguiendo sus instintos mamíferos se realizan varios rituales cuyo objetivo es evidenciar la capacidad de violencia física que puede ejercerse sobre quienes no aplaudan cuando deben o de quienes el régimen piense que constituyen un peligro social (Nota: existen pequeñas notas electrónicas donde se anuncia periódicamente a la población quiénes constituyen un peligro social, aunque en algunos casos puedo hacer una suposición lógica de las causas, en otras ocasiones las razones son totalmente incomprensibles, por lo que pienso que más bien es según se haya hecho enfadar o no a la autoridad mayor de esta zona geográfica, sin embargo debo seguir investigando).
La investigación de fuentes primarias ha sido difícil, ya que se percibe un temor extendido sobre el hecho de hacer enfadar a las figuras de autoridad, especialmente al jefe del área geográfica, ya que ello puede acarrear consecuencias muy desagradables para el infractor en cuestión, desde la lapidación virtual, que es otro de los rasgos culturales característicos, sobre todo si no se aplaude cuando se debe, desalojo del lugar donde se realizan los aportes sociales de cada individuo o traslado a un espacio de aislamiento y rehabilitación, que es uno de los sistemas más ineficientes que he visto en este cuadrante estelar. Como exo antropólogo me parece fascinante el sentido de culto reverencial hacia la figura de autoridad de esta zona geográfica, me recuerda una de mis primeras lecturas sobre este primitivo planeta, lo encontraba tan curioso que creo que fue una de las cosas que me decidió hacia mis estudios y carrera. Es un documento de uno de sus sabios, llamado G. Orwell, decía algo así como "Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros". A mi llegada me enteré que las ideas de Orwell están casi en el olvido, con lo que me sentí un poco decepcionado, sin embargo, esta zona ha resultado ser un interesante espacio de observación de especies primitivas. 
Me parece que el exo biólogo ha regresado, su investigación no será nada fácil, las extendidas colonias de humanoides en la zona casi han acabado con otras poblaciones. Veré cómo le fue hoy. Fin de reporte.

miércoles, febrero 27, 2019

El último bus

Hago este ejercicio de la página de la mañana ¿sabes? Este dónde te sientas a escribir lo que se te pase por la cabeza. Escribo diarios desde los nueve años, así que tengo algo de práctica y esa página diaria le da coba a mi grafomanía, así que viene bien, pero hoy es miércoles y los miércoles solía escribir en la Gaticueva, hasta que me dejé atrapar por el corre corre cotidiano y ahora que la abro, me doy cuenta que han pasado algo así como un par de meses y cero escritura, justo es que volvamos a darle atención un día a la semana, sobre todo cuando en una semana pasan siempre cosas interesantes en este rincón macondiano del planeta.
Como ayer que terminamos nuestro ensayo de teatro y había un tráfico de espanto y marejadas de gente en las paradas de buses, uno siempre se pregunta de dónde sale tanta gente a las seis de la tarde, así que decidimos dejar pasar el tráfico en el chupadero cutre que descubrimos hace poco a un ladito de la tercera, claro, en el mero centro.
Personalmente tengo debilidad por los chupaderos cutres, no es un chupadero con pretensiones, no te andas tomando fotos p'al face porque has ido de safari al centro de San Salvador donde dicen que asustan, te tomas una chola y una boca decente por un par de dólares, la gente es tranquila, son empleados, obreros y vendedores de la zona y a nadie le da por tener mal trago o se expone a la furia de las encargadas. Nunca he visto una mujer a la que un salón lleno de hombres le guarde más temor reverencial que a la encargada de un chupadero, especialmente si es la Niña Isa, pero eso ya son ligas mayores. Lo único malo es que a veces se adueñan de la rockola los fanáticos del reguetón y entonces siento como si mi vecino estuviera en el piso de arriba de mi apartamento, un sábado cualquiera. Esta fue una de esas veces.
El chupadero en cuestión es un galerón amplio y bien ventilado, con alto techo de lámina, partido en dos alas, cada una de ellas con sus bancas y mesas de madera y su propia video rockola digital y colorica, adosada a la pared. Nos quedamos en el lado equivocado y creo que vimos todos los videos de reguetón que mi vecino pone los fines de semana. Tampoco es tan difícil, pone las mismas seis canciones una y otra vez, todas con el mismo ritmo, las mismas letras misóginas, las mismas chicas hipersexualizadas que te garantizan que si te conviertes en objeto disponible 7/24 tendrás una vida de lujo y los mismos chicos con fajos de billetes en las manos, diciéndote que si eres lo suficientemente malote, tú también podrás salir del gueto y ser parte de los opresores... si.. esa es la conversación mientras vemos la estética de los videos en el pantalla plana del chupadero.
Y de pronto se hacen las ocho y quince y hay que pagar e irse porque el bus te deja y llegar a pie hasta la casa no es recomendable por cuestiones de seguridad. El tráfico bajó, pero la cantidad de gente no, subirse al micro es físicamente imposible, no cabría ni un suspiro en esa coaster que lleva los bajos del equipo de audio retumbando con todo. Afortunadamente viene un bus y cabemos.
Casi todos los pasajeros a esa hora son chicos entre los dieciocho y los veinticinco. Estudian de siete a diez de la mañana o de cinco a ocho de la noche y en lo ancho del día trabajan en call centers, como repartidores, te atienden en el mostrador de comida rápida, en el supermercado o en el almacén. Están cansados pero conversan, se ríen mucho y tienen esa fe loable de que todo va a mejorar cuando terminen su carrera universitaria. Me gustan estos chicos, seguramente no son los jóvenes que salen en la tele o en los que la gente piensa cuando piensa en jóvenes de Soyapango, pero la mayoría son de estos, de estos que se rebuscan, aunque sean prácticamente invisibles y nuestra forma de vida actual se esfuerce al máximo por marginarlos.
Van a tener que creer en mis descripciones porque no tomé fotos ni las subí a las redes, eso solo se hace tranquilamente cuando andás en las plazas turísticas que cuida el CAM y es bonito también hacerlo cada cuando se puede, en el resto de calles de Sansíbar nada más acumulás la experiencia, pendiente de la hora por supuesto, para que no se te vaya a ir el último bus.

miércoles, enero 02, 2019

Primero de enero

Una tiene días favoritos en el año, entre mis días favoritos en el año definitivamente está el primero de enero.
El ser humano tiene esta manía de contar todo lineal y finitamente, como imagina que es la vida, por eso cuenta horas y calendarios. Sin embargo, a veces es gentil ir con esa corriente. El primer día de cada año es una de esas ocasiones. Toda la gente se durmió tarde, o temprano, según se mire, y por tanto toda la gente se levanta a despecho del sol, así que tengo el chance ese día, más que otros, de levantarme antes que los de casa y sin embargo más tarde de lo que usualmente acostumbro y disfrutar de la soledad y el silencio que invaden la colonia.
Me gusta el silencio, alguna vez lo dijo uno de los personajes de uno de mis cuentos, un asesino que todavía no sabía que podía llegar  a serlo: "...es como una casa grande y segura desde donde se puede ver pasar a la gente con tranquilidad". Así pues, el primer día del año disfruté de un par de horas extras de silencio y quietud, que si vivieran en esta colonia dormitorio a la salida de San Salvador, donde el único entretenimiento parece ser emborracharse y poner regetón y banda a todo volumen, con un equipo de sonido mal balanceado, sabrían porqué me resultan tan queridas.
Atiendo a los animales sigilosamente, me preparo la primer taza de café... oh si, en días como estos el desayuno puede durar un par de horas y contemplar dos o tres tazas de café, una maravilla. Enciendo el televisor y pongo una peli o serie de sci fi o de super héroes con cero volumen y los subtítulos y dejo la vida pasar sin que veinte diferentes ideas me invadan al mismo tiempo.
Y cuando al fin sales a la calle a visitar a la tía y a las primas, todo está tan solitario y vacío como podría estarlo en una de esas pelis donde el héroe se distrae cinco minutos y sucede el apocalipsis zombie o alguno de esos desastres en los que el planeta sucumbe por la mano del hombre y el tipo se pregunta a dónde diablos se fueron todos.
El tema es que en este día en particular todo parece ir más lento que de costumbre, tal y como debería ser más a menudo y tienes el chance de sentir verdaderamente la levedad, como uno de los personajes de Kundera, pero sin angustiarte. Para mí es como meterme en un arroyo suave y dejarme ir con la corriente, a la tarde ya me obsequiaré otra peli más sin ocuparme de más nada que del ocio.
No hago ninguna lista de propósitos de año nuevo, cuando pienso en propósitos de año nuevo, recuerdo a mi abuela diciendo aquello de que uno propone, Dios dispone, viene el diablo, mete la cola y todo lo descompone... además para mí el año nuevo comienza allá por el 21 de diciembre, así que digamos que cuando llegan estas fiestas, que suelo dedicar a Baco, ya lo tengo un tanto encaminado
Mi carpeta de proyectos para este año está completa, acabo de terminar de cuadrar las últimas fechas. Conociéndome, mañana comienzo a correr siete veinticuatro y no paro más que un par de veces al año, por eso resguardo tanto mis tiempos de vacación, aunque para algunos colegas resulto incomprensible por mi total negativa a tocar temas de trabajo, de cualquiera de mis trabajos, remunerados o no, en esos días, pero es que me gusta dilatar estos espacios de tiempo donde puedo olvidarme del tiempo.
Feliz 2019.

miércoles, diciembre 26, 2018

Fan fic

Aunque debo reconocer que no siempre estuve en el lado oscuro de La Fuerza y al principio, allá por mis siete años, escribí y leí mayoritariamente poesía, por ahí de los nueve años vi mi primera nave espacial del Universo Trek en el televisor blanco y negro de casa. Si claro, TOS es de los sesentas, pero tengan en cuenta que a este país centroamericano, los enlatados venían con una década de retraso, si no es que más y en plena guerra, peor. A eso se le agrega lo de la Dimensión Desconocida con su música de misterio y El Planeta de los Simios, la original por favor, con Charlton Heston y esas tomas sesenteras y la estatua de La Libertad destruida por la locura atómica.
Tengo que decir además que luego de eso vino toda la literatura de Verne, sus máquinas futuristas, sus personajes excéntricos, los viajes en el tiempo y toda la ciencia que le acompañaba, con microspios, telescopios, planetas y bacterias, animales prehistóricos y métodos paleontológicos, la ciencia maravillosa que podía explicar los misterios de forma mágica, de modo que cuando a partir de los doce años llegaron los buenos de E.A Poe, Cthulhu cuyo nombre no podían pronunciar labios humanos y que me ponía los pelos tan de punta que tenía que parar y dejar a medias la lectura, los 451 grados Farenheit de Montag, las obligaciones vampíricas y las leyes de la robótica, yo ya estaba echada a perder y no me quedaban más que tres cosas que hacer en la vida: seguir leyendo sci-fi, estudiar Biología y escribir narrativa... si, con esa última decisión me pasé al lado oscuro de La Fuerza y dejé la poesía en este país de poetas donde siempre que decís que sos escritora, después de tratar de asimilar un rato si eso es o no un oficio, luego siempre te presenta como: "ella es la poeta..." para que suene un poco más decente quizás. 
Mis primeros pininos en la narrativa fueron puras fan fictions de Transformers, la G1 por favor, donde por primera vez vi el concepto de internet y por supuesto, de TOS, sin saber en ese entonces que me sumaba a un movimiento iniciado por fans para fans desde los setentas y donde la mayoría de escritoras en el género de esa época eran mujeres, vaya cosa.
Por supuesto mis primeras creaciones, mecanografiadas en la fabulosa y reconociblemente ruidosa en todo el vecindario, máquina de escribir Olimpic azul y portátil que mi tío me regaló y de la que he hablado en otro post, se quedaron debajo de la máquina, debajo del colchón de mi cama o en el fondo de mi caja de libros y se perdieron en alguna de las múltiples mudanzas que han poblado mi vida. Lo cual fue un alivio, porque mi timidez crónica que he aprendido a camuflar a fuerza de teatro, no hubiera soportado que tales cosas salieran a la luz.
En eso pensaba justo hoy en medio de un pequeño recreo en la corrección de un texto, aprovechando que ocupo las vacaciones para descansar de mi yo gestora cultural y divertirme con mi yo escritora, estoy corrigiendo por enésima vez (si, la corrección es mi purgatorio personal) uno de mis libros de cuento cuya publicación  espero poner en la lista de deseos 2019 y corrigiendo me doy cuenta de cuánto han influido en mí todos los narradores y guionistas de sci-fi que alimentaron mi loca imaginación desde el principio de esta historia. Sin ellos, mis estadías en cama por enfermedad hubiesen sido sin duda insufribles, pero también habría echado en falta esos mundos maravillosos, esos otros mundos a los que podía fugarme siempre porque este me sentaba tan mal, sin Verne, Lovecraft, Poe, Bradbury, Anne Rice, Mary Shelley, Gene Rodenberry, Asimov, Welles, Huxley y todos los chicos y chicas de la sci-fi, no habría tenido un planeta para amueblarlo a pura imaginación, ni me habría perdido tras el lente de un microscopio en el laboratorio o me habría obsesionado entendiendo enlaces covalentes, o las leyes de la termodinámica.
Sin todos ellos no me encontraría ahora corrigiendo la historia del planeta Wish y sus dos lunas, donde Walu, mi heroína, se prepara para una aventura que de seguro le cambiará la vida, como sucede siempre con todas las aventuras.
Bueno...  ya me tomé un descanso, es hora de seguir corrigiendo. 
 

martes, noviembre 06, 2018

Caminando...

nacimos vivimos
morimos caminando

perseguidos
combatidos
olvidados
odiados
sin infancia
sin risa
dueños del aire apenas
soñándonos raíz...

Pedro Geoffroy Rivas
Para los nietos del jaguar


Camina la gente. Más gente que en la guinda de Mayo del '82. Ahora caminan de día, pero siempre con lo que puede caber en un par de bolsas o mochilas. Así pasa cuando uno tiene que irse.
La gente salió de Honduras, pero también de Guate y de El Salvador. Gente de cantones y comunidades periféricas a las grandes ciudades dormitorio del  infame triángulo norte de las noticias, donde en 2016 se contaron cuarenta muertes violentas por día, mientras Honduras y El Salvador se disputaban el primer lugar en las cifras, más de a de veras Guerra del Fútbol, pero contando cadáveres y con un triunfante El Salvador por tres años consecutivos hasta el año pasado  (al fondo, vítores de la afición).
Camina la gente.
Los políticos se rasgan las vestiduras y todo el mundo pone en las redes su propia teoría de la conspiración de quién estará detrás de esta difamatoria oleada de pobreza. 
Cuando salían a cuentagotas estaba bien. Salían en la madrugada, sin hacer ruido porque les habían dado un día o dos para irse de la colonia, sino los mataban, las violaban de doce a veinte mareros, los partían en pedacitos, los desaparecían y se convertían en hojas fotocopiadas con foto, nombre, el último lugar y fecha donde lo vieron y un número de teléfono para avisar si lo habían encontrado, como en los carteles de las películas del oeste, vivo o muerto, pero nadie llama a esos teléfonos, por más hojas pegadas, cientos de hojas fotocopiadas en las paradas de buses con todos los desaparecidos, pero no podemos decirles desaparecidos porque no estamos en guerra, tampoco pueden entrar en las cifras oficiales, eso es lo bueno de que la gente se desvanezca en el aire, no engorda las estadísticas.
Los que quedaron hicieron algo condenable: caminaron a luz del día, todos juntos porque a la mejor así no les roban todo en las fronteras, o los matan, o las violan, o les quitan sus niños, o los destripan por negocios o placer, o los encierran para que trabajen sin ver de nuevo el sol.
Veo las fotos en las redes. Parecen escenas de la película "Los niños del Hombre", u otra de estas pelis de ciencia ficción, tan proféticas ellas.Tal vez alguien lo organizó, tal vez de uno u otro bando de los que se reparten nuestros pellejos como perros en el basurero, no importa, la gente estaba tan desesperada por escapar que caminó. ¿Qué más se puede hacer cuándo la otra opción es morirte? Caminás. 
¿O ya se les olvidaron las guindas de los ochentas?
Ahora los que caminan atraviesan el duro territorio mexicano y aunque vayan en caravana se pierden, siempre hay un monstruo lo suficientemente grande como para darte un mordisco. Algunos comienzan a regresar, aunque no sepan bien a qué, regresan, son los que todavía tienen a dónde volver. Muchos de ellos no, ya no tienen nada, no pueden darse el lujo de regresar, probarán suerte, a ver si no les toca a sus calaveras esbozar alguna sonrisa irónica en el camino.
Cada vez se escuchará menos de ellos. Los noticieros y las redes son bien educados y saben cuándo callar. Nadie quiere escándalos en la puerta de los poderosos.
Finalmente, como cualquier trending topic, pasarán. Y encontraremos alguna otra injusticia interesante por la cual indignarnos desde la comodidad de nuestro celular, mientras el resto sigue saliendo a cuentagotas cuando les toque el turno.

martes, septiembre 25, 2018

Tejiendo Gozo

No siempre fue así, pero me gusta trabajar con mujeres. Quizás hace unos diez años era diferente. 
Te educan, te entrenan, te condicionan para competir con otras mujeres, para criticarnos en lugar de cuidarnos, para empujarnos en lugar de comprendernos, para impacientarnos en lugar de fluir.
Tal vez todo comenzó a cambiar con mi primer círculo de mujeres, Luna Nueva, liderado por Meli, allí conocí a Astrid, Ana Mercedes y Alicia, grandes maestras y amigas, fundando luego el círculo Nahuixochilt, aprendiendo, equivocándonos, abriéndonos a pesar de los temores, conociendo y conociéndonos y como si se abriera una puerta tras otra, comencé a trabajar con mujeres y a sentirme cómoda haciéndolo.

Y entonces, hace cuatro años más o menos, llegaron a mi vida otras mujeres, pero estas tenían letras en las manos y en los labios y querían decir su poesía de otras maneras. Al principio fue la poesía de otros, porque era algo de mi trabajo en animación a la lectura y mi jefe de entonces tiene la sabiduría de apoyarse en talentosas mujeres para el trabajo literario. Pero luego, trabajando y conociéndolas, entre cafés y contarnos cosas de la vida y de las letras, fue surgiendo una complicidad literaria entre mujeres para decir y para hacer.

Ha sido una experiencia intensa, con encuentros y desencuentros, con aciertos, extravíos y pérdidas, con cafés, risas, suspiros, lágrimas, historias sobre hijos, amores, ex amores, desencantos cotidianos, poesía que se escribe, libros que se quedan o se olvidan, preguntas que nos hacemos a nosotras mismas a través de nuestras letras.
Nuestros primeros performances poéticos estaban dentro de lo ritual, pero poco a poco se fueron configurando otras cosas.  Gozo, el último performance poético del Colectivo de Las Oblatas, formado en compañía de las talentosas poetas Lya Ayala y Cecilia Castillo, fue una indagación personal a partir de una pregunta: ¿Qué nos da gozo? Y a partir de allí surgieron una docena más: ¿Qué era el gozo para nosotras y para la sociedad, era diferente? ¿Había una idea pre concebida de gozo con la que queríamos dialogar? ¿Nuestra poesía era gozo?  

Así fueron surgiendo los personajes, nosotras mismas, en una situación real o ficcionada, que nos producía gozo, la poesía que sentíamos debía estar con nosotras y que iba cambiando de encuentro en encuentro hasta llegar a ser definitiva, en ese espacio que iba a apareciendo en nuestras pláticas, entre café y comentarios de la vida cotidiana. Nuestros temores a mostrar públicamente nuestro gozo.

Hace menos de una semana, Félix nos ofreció de nuevo su hospitalidad en Alianza Francesa, que albergó el estreno de nuestro Gozo... extraña palabra, la busco en google y aparece:
Gozo
1. Emoción intensa y placentera causada por algo que gusta mucho.
2. Alegría intensa

Y si, no podíamos haber escogido un mejor nombre para este viaje.

miércoles, junio 06, 2018

Tres

Fue hace ocho o nueve años, el Tiet apenas tenía cinco de haber comenzado su travesía teatral y estábamos hablando con Rubidia Contreras en el Teatro Nacional, después de alguna presentación o conversatorio o algo en lo que nos encontramos y comenzamos a hablar de teatro y terminamos hablando del período del conflicto armado salvadoreño y de repente ella dijo: "habría que hacer algo de eso" y yo dije: "si... si yo escribo ¿vos actuás?" y así, como si fuera la escena final de Casablanca: ese fue el principio de una gran amistad.
Muchas cosas han pasado en estos años, dos obras más llegaron, porque queríamos abordar las memorias del conflicto desde muchas miradas, no solamente desde lo que se acostumbra, sino también desde la población civil que se vio en medio de una guerra que muchas veces no alcanzaba a comprender a cabalidad, desde la nostalgia de lo que se perdió o de lo que nunca fue y desde la amarga decepción e impotencia desde dónde muchas veces vemos nuestro presente. De allí fueron surgiendo los personajes, desde allí fueron hablando, fueron llenando la página en blanco y el espacio vacío.
El proceso ha tenido muchas cosas interesantes: que dos grupos se reúnan alrededor de una misma temática una y otra vez, como dos primos que se encuentran y se miran crecer a través del tiempo, que pudiéramos hablar con los más jóvenes de nuestros grupos y reflexionar sobre nuestra memoria, o sobre nuestro presente, que buscáramos hacer un teatro salvadoreño desde el tema, el lenguaje, los personajes hasta la puesta en escena, que pusiéramos en común nuestros recursos de todo tipo, para poder sacar adelante uno a uno estos tres montajes.
Santa María de la espera está llena de las imágenes de la religiosidad de mi infancia, de la presencia de los muertos, ese pensamiento mágico tan nuestro, donde los vivos y los espíritus conviven como la cosa más normal, donde no se está dispuesto a dejar de esperar El Milagro, porque la esperanza es lo único que hace soportable el cotidiano.
En Ninpha los elementos escenográficos se van simplificando, la nostalgia por el mundo perdido, quizás por el mundo que nunca se tuvo pero que aún así es la pérdida, tal vez la pérdida de la utopía.
Y el vacío de 21, el estar atrapado, la muerte al final de las cosas.
El estreno de 21 será como llegar al final de una etapa del viaje, en el mes de nuestro cumple número 13, es decir, nuestro grupo va entrando a la adolescencia y a ver qué tal nos va con eso. Me gusta la idea de poder juntar estos tres montajes, presentarlos uno tras otro, darnos cuenta de cómo hemos ido creciendo y cambiando en las formas de escribir, de hacer, de ser teatro, cómo ha ido variando también nuestra mirada sobre lo que creíamos y creemos, sobre la realidad que soñábamos y la realidad que vivimos en el cotidiano, sobre lo proyectado y lo cumplido, sobre lo que reflexionamos en la escena. Sobre la vida, pues.
Y en este momento de incertidumbre, en este momento de absoluto vacío y vulnerabilidad que me sucede siempre antes de ver la obra en escena, no puedo menos que agradecer a todos los compañeros de viaje: actores y actrices, directora, productores, coreógrafo... a todos los que se han atrevido a soñar este camino de casi una década que pronto va a llegar a una nueva estación.